1. Gargantas pijeras


    Fecha: 02/07/2018, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    Me llamo Laura, y no voy a decir que estoy riquísima porque soy humilde. Además las miradas perversitas de los hombres me lo confirman. Soy hija única, y todos los años mis padres premian mi esfuerzo escolar llevándome a vacacionar con ellos a Pinamar. Allí conocimos hace dos años a los Robles, una familia ricachona pero muy copada. Yo me hice amiga de maca enseguida, y con su alegría sumada a las travesuras de Bauti, su hermano mayor nos cansamos de divertirnos en la playa. ¡y menos mal, porque ya estaba podrida de armar castillos de arena sola como una pelotuda, usando esas mayitas ridículas con boladitos y comiendo helado con cara de aburrimiento!
    
    Nos la pasábamos corriendo bajo el sol, chapoteando o flotando entre las olas, riendo y cantando todo el día. Hasta que Maca y yo nos descubrimos viendo el mismo espectáculo: los bultos creciendo en las mayas de los tipos.
    
    Al principio nos reíamos y listo. Pero luego, notamos que nos calentábamos mal y nos metíamos al agua para disimular que se nos mojaba la chuchi.
    
    Yo había debutado en casa con un primo, una noche de verano en el patio cuando mis papis me dejaron a cargo de la casa por una reunión de negocios, dos días antes de mis 18.
    
    Pero ella era virgen, y estaba insoportablemente cargosa por querer coger. Sus pocos años, su cola radiante, su cuerpito delgado y sus tetas de pezones siempre erectos lo pedían a gritos. Por eso, hasta nos pusimos a hacer gimnasia en la playa para que los tipos nos miren y se ...
    ... baboseen. Así todo a veces yo tenía más éxito.
    
    Yo soy morocha de ojos grandes y negros, pelo lacio, morenita de piel y muy flaquita, de tetas pequeñas y cola chiquita pero bien parada. Creo que a los vagos les gusta que use shortsitos de jeanes gastados y topsitos cortos y floreados. Les encanta ver cómo nos pegamos en la cola mientras bailamos en la arena o cuando hacemos los ejercicios de rutina. Hasta que al fin una tarde se me salió la cadena y me arriesgué.
    
    Bauti, que tiene 20 y yo nos quedamos en una carpita al resguardo del sol mientras Maca iba en busca de gaseosas, y mis padres jugaban al tejo con los suyos. El nene tenía un short re apretado y el pito parado. Le mostré las tetas, me le tiré encima, le comí la boca y enseguida le bajé el short. Tenía un pito gordito pero pequeño, y no dudé en lamerle la cabecita, aunque acabó de una y me dio mucho asco. Pero pronto volví a chupárselo con algunos besitos a sus bolitas, gimiendo como me lo pedía y exagerando sonidos. Maca entró corriendo, y en vez de regañarme por lo que hacía sacó su celu y empezó a filmarnos mientras se toqueteaba.
    
    No paraba de reírse, ni el pibe de decirme zorrita, ni yo de succionarlo todo, hasta que de nuevo acabó pero ahora contra mis tetas. Ahí Maca me confesó que se muere por chupar una pija, que eso la vuelve loca, y me felicitó por sacarle la leche a Bauti.
    
    Esa noche el nene se pajeó durante casi toda la madrugada, porque para colmo los tres compartíamos la carpa.
    
    A la mañana siguiente ...
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