1. Angie: El encuentro


    Fecha: 22/11/2022, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Vivir en un pueblo costero difícil de localizar en el mapa, tiene su encanto en cada época del año, pero es en verano cuando más se disfruta. Los inviernos son muy duros, las tormentas continuas y el viento arremete con fuerza contra las fachadas de las casas, como el mar enloquecido contra el rompeolas. Por contra, el calor de Julio es tibio, por las noches tan solo se escucha el sueño dulce de las olas al morir en la orilla, y la vida continúa alejada de la gentrificacion de otras zonas, sin más turismo que el de algún hippie despistado. Por las mañanas, todavía hoy, echo de menos el canto del gallo que me despertaba con la aurora.
    
    Aquel domingo no me despertó el gallo, sino mi hermana con su habitual tacto, más bien escaso. Había dormido mal los últimos días... los exámenes de Septiembre se me hacían cuesta arriba, y las hormonas revolucionadas me estaban jugando una mala pasada. Para colmo, el bochorno penetraba por las paredes durante el día y, al irse el sol, la casa seguía siendo un horno. A la hora de irme a cama, no hacia más que sudar empapando la ropa hasta acabar completamente desnudo, arropado por una fina sabana. Horas después, tras varias vueltas y cambios de postura, acababa por dormirme arrullado por el armónico canto de los grillos.
    
    No eran más de las nueve cuando la escuché, como si en la calle se estuviese preparando una especie de motín:
    
    -"¡Vamos! ¡Aprovechemos el día! ¡A la playa¡"
    
    Mi hermana acostumbraba a usar los tiempos imperativos, y ...
    ... tampoco medía cuando o como decía las cosas. No reaccioné, al zarandearme con violencia para que me despertase, ni tampoco cuando descubrió la sábana con un movimiento raudo, como si destapase un hermoso regalo.
    
    -"¡Joder, nene¡ ¡No puedes seguir sin follar!" -exclamó con sorpresa, mientras fijaba sus ojos con curiosidad en mi erección matutina. "La tienes dura como una piedra" -prosiguió, mientras la palpaba para comprobarlo-. "Te hace falta descargar en un buen coño" -insistía.
    
    Me giré dándole la espalda, buscando acomodo para seguir durmiendo, sin responderle. Pero ella seguía:
    
    -"Vente a la playa a ver si haces migas con Paula de una vez, que también está muy necesitada", sentenció, antes de estallar en una carcajada.
    
    -"Déjame. Quiero seguir durmiendo", contesté al fin.
    
    Mi hermana suspiró profundamente, y soltó con violencia la sábana, hecha un ovillo, sobre mi cuerpo desnudo.
    
    -"¡Que te den...! Quedé con Paula para desayunar fuera. Estaremos al final de la playa, junto al muelle. Así que si te apetece, ya sabes. No insisto más, sieso..." -sentenció con rabia, antes de abandonar el cuarto. No estaba acostumbrada a que las cosas no saliesen como ella quería.
    
    Seguí acostado un rato más, pero me había desvelado definitivamente. Mi hermana había levantado la persiana lo justo para que los rayos de sol prolongaran su destello a lo largo del cuarto, hasta perderse en mi rostro.
    
    Me levanté, todavía algo torpe y desorientado, y me dirigí al baño para mear, ...
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