1. Belleza virgen


    Fecha: 16/09/2017, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... vaivén. Poco a poco, la seudo-adolescente, iba dominando el ritmo y su movimiento era más acompasado, haciendo juego con la cadera y la pelvis. Lento en principio, pero más rápido al proseguir, los movimientos se volvieron arrebatados.
    
    La Parce sentía como si estuviera haciendo una travesura que le causaba mucho placer. E incluso (según me confesó) en algún momento al estar a horcajadas sobre Marcelo, recordó a aquel otro chico que dejó plantado en el cuarto de hotel ese mismo día, y a quien, quizás, no le había quedado otra que masturbarse en su honor sin saber dónde ella estaba. Tal pensamiento aumentó su goce, de tal forma que ella incrementó el ritmo de sus movimientos todavía más.
    
    Nunca había tenido un orgasmo pero, cuando él soltó aquel chorrazo de leche caliente adentro de ella, dio un monumental grito y empujó tan duro como pudo, tratando de moler ese sabroso trozo de carne que tanto placer le había brindado. Su estrecha vagina se lo agradeció.
    
    Ella deseaba que aquello no terminara pero, si bien tuvo que concluir, Sofía ya no era la misma pues a partir de aquel momento ya fue toda una mujer. Y es que antes de aquel evento había sido una adolescente que se comportaba como tal, pero ya no más. Tras ese suceso fue muy distinta, puedo ...
    ... asegurarlo.
    
    La Parcerita terminó sudorosa y desfallecida. Se dejó caer sobre el pecho de su amante, pero eso sí, sin soltar de su entrepierna el pene que tantas satisfacciones le había brindado. Éste, poco a poco, fue perdiendo volumen dentro de su cavidad.
    
    Me contó que lo hicieron tres veces más esa noche, y la verdad no lo dudo pues, como dije antes, mi amiga cambió muchísimo a partir de ese día despertando a la sexualidad.
    
    Si he de ser sincero, la primera vez que me contó esto, me invadió la envidia e inmediatamente odié a ese tipo.
    
    Me encabroné tanto que le hice la ley del hielo a la Parce por un par de días (aunque al final me di cuenta de mi estupidez, pues si seguía así de seguro la perdería para siempre). Y si bien mi coraje estaba plenamente justificado (después de todo ese maldito había sido el afortunado desflorador de tan perfecta mujer, a quien yo ya conocía y deseaba desde mucho antes que aquél) debo admitir que gracias a él, a partir de aquel suceso, la Parcerita duró una temporada en la que todo lo que se le ocurría desear era tener metida una tranca en su menudo cuerpo. Y tantas fueron sus ansias que algunos de sus amigos disfrutamos de algún encuentro ocasional con nuestra renovada y cachonda amiga.
    
    ¡Parcerita, te amamos!
    
    FIN 
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