1. Maestra particular


    Fecha: 26/10/2018, Categorías: Hetero Autor: Ulpidio_Vega, Fuente: CuentoRelatos

    Seguramente, muchos de ustedes comprenderán mi situación ni bien los ponga en foco y para eso bastan unas pocas líneas: me llamo Agustín, tengo 37 años, soy arquitecto. Trabajaba en la empresa de mi ex suegro, pero hace unos meses que estoy desocupado y me cuesta horrores la manutención de mis hijos. Me divorcié el agosto pasado y salvo ponerme al día en el tema sexual, mi vida no ha cambiado demasiado desde entonces. Tengo dos hijos: Guillermo de 9 y Florencia de 7. Viven con su madre los días de semana y los sábados y domingos conmigo.
    
    Cuando me separé, me alquilé un apartamento pequeño, de dos ambientes, baño y cocina, cerca de la casa de mi ex mujer. Lo que más me costó de todo era perder el contacto cotidiano con los chicos y pensé que viviendo cerca el desarraigo iba a ser más leve. Ellos se enojaron con mi decisión de poner punto final a mi matrimonio, pero pude construir una nueva relación más saludable con ellos y recuperar los años que sentía haber perdido con una mujer que ni siquiera me excitaba. Precisamente por un problema de polleras fui despedido de la empresa del padre de mi ex mujer, pero no me arrepiento porque para mí comenzó una nueva vida.
    
    En diciembre del año pasado, Pamela, mi ex mujer, tuvo que ausentarse del país por cuestiones de trabajo. Me pidió si me podía mudar a su casa durante esos quince días para que me hiciera cargo de los chicos durante su estancia en el exterior. Yo tenía algunos asuntos, pero me gustó la idea. Mi terapeuta me ...
    ... aconsejaba constantemente que intentara tener una separación sin roces con Pamela para que no repercutiera en la relación con mis hijos. El tema de los bienes y los alimentos fue simple: ella se quedaba con la casa y mi ex suegro me descontó directamente del suelo lo que fijamos en la audiencia de conciliación. Cómo vivíamos cerca, los sábados a la mañana nos encontrábamos en la esquina del parque y ella me entregaba a los chicos. Un beso en la mejilla, cero reproches y vida tranquila.
    
    Por el tema del divorcio, los niños habían experimentado notorias bajas en sus rendimientos. Por lo tanto, tuvimos que ponerles profesores particulares. Guillermo iba a un instituto de inglés y Florencia tenía clases particulares con una maestra a domicilio.
    
    El primer día que tocó el timbre, me quedé varios segundos alucinado, sin poder pronunciar una palabra. Medía 1,77, tenía las caderas anchas y la cintura angosta y un par de redondeces que se le salían por la parte superior del escote. "Soy la maestra de Florencia, Pamela me avisó que ibas a quedarte unos días. Me presento: soy Lorena y vengo para ver si puedo hacer estudiar a tu hija": ciertamente que este ese pedazo de hembra daba ganas de encerrarse en un escritorio.
    
    Tenía un pelo ondulado, castaño rojizo y no debería superar los 23 o 24 años porque su piel no denunciaba ninguna arruga. Su boca era grande y sus dientes blanquísimos contrastaban con sus labios pintados de color púrpura. Todo en ella era sensualidad e seducción y olía ...
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