1. La patrona


    Fecha: 10/01/2022, Categorías: Sexo con Maduras Tus Relatos Autor: Oriental, Fuente: RelatosEroticos-Club

    ... su transpiración, se había convertido en un trapo. No véía a la patrona, pero oía a su boca chupeteando ese clítoris desmesurado. 
    Amalia balbuceaba.¡-No me de...jen, no pa...ren. Queeee pla...cer, Ahhhh! 
    Yo sentí que mi climax llegaba. Amalia se agachó hacia adelante y apretó la cabeza de su tía contra su concha.  Empezó a tartamudear. –¡Me co,,,rro, carajo,me cor...ro! ¡y me voy a ca...gar! ! ¡Que sen...sa..ción! 
    Amalia temblaba. Llegó al orgasmo y no pudo sostenerse en pie. Cayó de rodillas. Su concha se convertió en un surtidor. Los chorros del squirt que largaba bañaron la cara de la patrona, que cerró los ojos mientras el líquido se corría hasta sus tetas.  
    Al descolgarmé de su orto, sentí a la guasca subir por mi pija y eyaculé. El primer chorro salió tan fuerte que se elevó y pudo alcanzar los labios de la patrona, que empezó a lamerlo. La leche de los siguientes bañaron la espalda y el pelo de Amalia. 
    Mis cojones se aliviaron y, cuando mi picha comenzaba a encogerse, la patrona se paró y vino hacia mi.
    -Walter, ni se te ocurra-me dijo-ahora me toca a mí.
    Me agarró los huevos con una mano y empezó a pajearme con la otra, mientras que sus pezones, mojados por el squirt de la sobrina y duros como piedras, comenzaron a frotarse contra mis tetillas. En segundos mi poronga se irguió como un mástil. La  patrona había sido la dueña de mis deseos libidinosos desde hacía meses, y ahora me iba a dejar entrar en su vulva. ¡Que morbo! lo evocado cuando me masturbaba ...
    ... al imaginarme cogiendo su concha carnosa se haría realidad.  
    Fue en ese momento que Amalia, aún en el piso, comenzó con un pedorreo cuyo sonido y hedor inundó la sala. Se irguió, levantó la palmeta e introdujo el mango en su cageta de un saque. Acecándose a la patrona por la espalda, y mientras se pajeaba entrando y sacando el mango, empezó a acariciarle a su tía las nalgas y el ojete con las plumitas.
    El olor a mierda nos rodeaba, pero no nos importó. Al contrario, nos encendió aún más a los tres.
    Aproveché para tenderme boca arriba en el piso. La patrona se puso a horcajadas e introdujo mi carajo en su cachucha que me recibió caliente como el infierno. Era cómoda y aterciopelada. Sin dejar que me moviera, bajó sus tetas para que se las chupara. Me prendí a ellas, una por vez, como un bebé hambriento, mientras ella, como un muñeco a cuerda, subía, bajaba y  contoneaba sus caderas. Era una profesora del coito. Las arrugas de su rostro parecían haberse alisado y desde atrás Amalia le susurraba “cojelo, tía, cojelo al Walter“ .
    Esa tarde de domingo de Carnaval gocé como nunca.
    No. No le acabé adentro a la patrona.
    Me da un poco de vergüenza contarlo, pero terminaron chupándome las dos juntas la pija y los huevos. Me corrí como loco cuando Amalia me lambeteó las pelotas, haciéndo que levantara la cola. Vió su venganza y empezó a penetrar mi culo con el mango de la palmeta. No todo, solo un poquito. ¡Que placer tan tremendo! Sentí cuando mi leche dejaba mis pelotas y subía ...