1. Sábado


    Fecha: 20/10/2017, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Rude, Fuente: CuentoRelatos

    ... cuestión.
    
    —Disculpa, Víctor. Tenía cosas que hacer y se me ha echado la hora encima. Vamos pa'l pub, que te invito a una cerveza.
    
    — Claro, como están a un euro... — refunfuñó.
    
    Llegamos para las 00:09 al pub. No estaba muy lejos, pero antes decidimos que sería buena idea comer algo, el alcohol con el estómago vacío no es recomendable y nosotros en el fondo somos chicos sanos. Después de comernos cada uno un bocadillo de tortilla en un bar cualquiera fuimos al servicio de caballeros y nos metimos un poco de nieve.
    
    Una vez que llegamos a la entrada del Extacy pudimos sacar nuestra primera conclusión: No era un lugar de nuestro agrado.
    
    —¡Vaya mierda de antro! —soltamos al unísono.
    
    En la entrada había un "gorila", de esos que no te dejan entrar si llevas calcetines blancos, zapatillas deportivas o eres muy feo. Mi amigo lo tenía realmente difícil para entrar, nunca destacó por su atractivo.
    
    —Vámonos a otro lado—dijo Víctor.
    
    —De acuerdo. Mejor vayamos al Aizkora(un local que nosotros frecuentábamos).
    
    Dimos media vuelta decididos a marcharnos, y entonces ocurrió. Ella chocó contra mí. Era una chica preciosa, de unos veinte años, entre metro sesenta y cinco y metro setenta, un largo y oscuro cabello liso, una mirada cautivadora surgida de las entrañas de esos grandes y preciosos ojos marrones; unos redondos mofletes que daban ganas de pellizcar de la misma manera en la que cualquier anciana senil ataca los mofletes de su querido nieto. ¿Y qué decir de sus ...
    ... pechos? (una talla noventa y cinco calculo yo), unos pechos que ese corto y ceñidísimo vestido negro dejaba intuir y marcaba esos apetecibles pezones que gracias al frío que el señor del tiempo había pronosticado con acierto estaban duros, como mi polla cada vez que lo recuerdo, y empujaban el vestido hacia afuera como queriendo escapar de su prisión de tela y lanzarse contra mí. Ojalá.
    
    —Mira por dónde vas, payaso—dijo ella apretando los dientes.
    
    Sonrojado quedé mirándola, sin poder apartar mi mirada de esa obra de arte que tenía delante de mis narices. Lo bueno de que me diera la espalda y se alejara fue que pude ver la forma de ese culo que se escondía bajo el vestido. Quería ese culo para mí.
    
    —Vámonos —propuso el pesado de Víctor.
    
    Pero como imaginaréis no podía marcharme, no ahora. Ella entró al pub. Para mí ya no era un antro, a mis ojos era el paraíso ya que allí estaba ella, esa chica despampanante, ese cuerpo propio de una diosa.
    
    00:47 a.m.
    
    Tardé tiempo en convencer a mi amigo de que debíamos entrar. Y así hicimos, entramos, no sin antes dialogar amablemente con el portero hasta convencerle de que nos dejara pasar. Quince euros nos costaron.
    
    Adentro las luces parpadeaban. Miraba a Víctor, y en diez segundos vi cómo sería mi amigo con la cara roja, azul, luego verde y amarillo, por último. Fuimos a la barra mientras de fondo sonaba el "Ésta sí, ésta no" de Chimo Bayo. Me entraron ganas primero de asesinar al pinchadiscos y luego de comerme alguna ...
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