1. Una grata sorpresa


    Fecha: 16/10/2020, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    Me llamo Pablo, 35 años, casado con una chica peruana. Lorena, mi mujer, tiene 30 años, hace cinco que estamos casados. Sus hermanos viven todos en Argentina, sólo sus padres viven en Perú. Mis cuñados viven en Moreno y nosotros tenemos una casa quinta en Luján. Mi relación con mis cuñados no es de las mejores, pero eso no viene al tema. Una tarde estábamos en casa con mi mujer y cuando suena el teléfono, era mi suegra, diciendo que pensaban venir a visitarnos con su marido. Mis suegros son mayores, mi suegra María tiene 60 años y Oscar, mi suegro tiene 65. Cuando llega día de su arribo fuimos a buscarlos al aeropuerto. Estábamos todos, besos, abrazos, lo normal en un reencuentro así. Como mi casa es la más grande, nos fuimos para ahí. Pasamos un fin de semana muy lindo, hicimos un asado, disfrutamos de la pileta, pasamos bárbaro. El lunes se fueron todos, mi suegro se fue con sus hijos y mi suegra se quedó en casa ayudando a ordenar el estrpicio del fin de semana. Cuando yo volvía de mi trabajo, ellas estaban en la pileta, yo me metía también y así pasabamos la tarde. Mi suegra es una mujer entrada en carnes, nada atractiva, solo la cola, que para su edad estaba muy buena, unas nalgas grandes y redondas, se notaban flacidas, pero me gustaba su cola. Nos tomábamos nuestras chelas como dicen ellos y así lo pasábamos. Una mañana me llama Lorena diciendo que tenía que ir a Buenos Aires a hacer unos tramites, que su madre se iba a quedar sola en casa, yo decidí sin decirle nada, ...
    ... volver para no dejarla sola. Cuando llego a casa, entro y la sorpresa que me llevé fue mayúscula. Mi suegra se había bañado y estaba desnuda en la cocina. Cuando nos vimos, ninguno de los dos supo que hacer, la miré de pies a cabeza, sus tetas grandes, caídas, de enormes y oscuros pezones, su concha bien peluda, «madre mía, que buena que estas», le dije sin pensar, ni poder dejar de mirarla. «Ay, que vergüenza que me veas así», dijo intentando tapar sus tetas y su concha con sus manos. «No te tapes que estas divina», le dije sin apartar mis ojos de su cuerpo desnudo, viendo como ponía una mano tapando su concha y con el otro brazo, se tapaba las tetas. «Pero que dices?», me dijo intentando irse de la cocina, pero como yo estaba parado en la puerta no la dejaba. «Pablo, que me dejes pasar, pues», me decía María sin dejar de taparse. Estaba agitada, nerviosa, «dejame verte», le dije intentando sacar el brazo que tapaba sus tetas, «oye, respetame que soy tú suegra», me dijo haciendo fuerza con su brazo para que no se lo saque de donde estaba. Baje mi cabeza, ya que soy más alto que ella y le beso los labios, a lo que ella sacó su cara, mientras yo seguía intentando bajar su brazo. «Mira como estoy», le dije, adelantando mi cintura y pasando mi pija dura por la mano que tapaba su concha. «Pablo, como estás», exclamó al sentir lo dura que estaba mi pija. Yo volví a intentar besar sus labios y seguía insistiendo en bajar su brazo y seguía apoyando mi pija dentro del pantalón contra ...
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