1. El M y su P, encuentro inspirador. Ella desea ser penetrada por el señor maduro


    Fecha: 22/06/2017, Categorías: Confesiones Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos

    ... penetrada. Haber leído lo que le harías a tu putita me ha hecho mojar todita, llenarme de excitación, cada palabra de ti era imaginar que soy tu puta, poner mi nombre en todas tus intenciones, desear ser una de esas mujeres que han rozado tu cuerpo de hombre maduro. Mis 27 años te desean, quiero gozar como loca, experimentar todo lo que has hecho, quiero que seas mi M, yo ser tu P. Necesito que me lleves al éxtasis total, gritar, gemir y jadear hasta quedarme sin respiración, que penetres mi vagina, que me hagas desear ser penetrada por mi ano, quiero sentirme tu putita.
    
    - Descubre tus pechos, abre tus piernas muéstrate, ofréndate al M.
    
    - Soy toda tuya, estoy hecha un fuego, quémame en el tuyo!!!
    
    El M tomó el cuerpo de su putita, la tez morena fogosa encendía todas las pasiones, sus ojazos negros lo vuelven loco viendo en ellos el brillo del deseo, los besa en los párpados para robarle los primeros suspiros, luego se deja deslizar por esa nariz pequeña y tierna, hasta perderse en la tersura de los carnosos labios encendidos y pasionalmente humedecidos en el beso frugal y posteriormente inundados cuando el M le comió la boca sin dejar de respirar.
    
    No deja de acariciarle las mejillas, deslizarse sin poder resistir la tentación del fruto prohibido, dos enormes senos que desean ser masajeados, mordidos y chupados golosamente, los pezones oscuros pero sensuales y tentadores, una invitación a la rapiña de los labios ansiosos del M. Lamidos, oprimidos y mordidos, son ...
    ... objeto de la atención y dedicación bucal, en especial modo el izquierdo, llamando su atención cual faro marino, por ese llamativo y seductor lunar, con forma de corazón que lo obsesiona y guía para colmar su gula por engullirse esas deliciosas tetotas.
    
    Las manos de la putita sostienen la cabeza del M, con el pezón izquierdo cautivo en su boca, mordido y lamido sin la menor consideración.
    
    Las manos del hombre se deslizan por su cuerpo, recorriendo el contorno hasta toparse con su intimidad, cubierta por una bombacha de algodón blanco, cubriendo el sexo húmedo y perfumado por el deseo que latía en los labios de la vulva. Desplazado el velo de la prenda accede entre el camino de vellos para tantear entre los labios el camino de humedad hasta trepar hasta el codiciado clítoris, el “sésamo ábrete” de la cueva de los placeres.
    
    Los gordotes y hábiles dedos del M exploran y avanzan en la cueva de su putita, reconociendo y buscando los puntos más erógenos de su deliciosa intimidad, en las yemas de los dedos puede sentir como palpitan el deseo y grita ser penetrada.
    
    Las manos del hombre se introducen bajo sus nalgas, palpa y siente la firmeza de sus carnes, se agarra del borde elástico de la bombacha, ella colabora elevándose para facilitarle la tarea de arrastrar la prenda y sacársela. La falda bien levantada, piernas abiertas ofrecen el camino libre a la ansiedad bucal del M para saciar la sed de un viaje por el desierto de ansiedades. Una mano en las nalgas acerca y ...