1. La señora Ysabela y yo (1)


    Fecha: 15/12/2018, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Recién había terminado la secundaria y bordeaba los 18 años; en esos días tan sólo pasaba el tiempo sin saber a ciencia cierta que carrera estudiar.
    
    Por esa época, yo me quedaba solo en casa y para el almuerzo tenía designado un menú en un restaurant cercano.
    
    Cierta vez, que me encontraba aún dormido, los sonidos del camión recogedor de basura me sacaron a la fuerza de mi sueño. Y así, tuve que sacar las bolsas negras con rapidez pues el camión ya se iba.
    
    Al salir, comprobé que no era el único que corría por botar las bolsas. La señora Ysabela, mi vecina, iba a mi lado portando a su vez dos bolsas.
    
    Nos miramos, y al verla bien pude comprobar que ella sólo tenía puesta su bata, lo cual, permitía que sus senos bailaran debajo de esta.
    
    La señora se percató de la situación.
    
    - Uy, se me salen las tetas.- dijo sonriendo con un tono de voz nuevo para mí.
    
    - Vaya, quién pudiera verlas.- alcancé a responder asombrado de mi propia respuesta.
    
    Nuestras sonrisas se cruzaron cómplices y el silencio se hizo presente. Al regreso sólo escuché unas sutiles palabras.
    
    - Ven a mi casa mañana a las 10 a.m.
    
    El día pasó como una agonía, pues la curiosidad no cabía en mi ser.
    
    A la hora exacta, ya me encontraba tocando el timbre de su casa. Ella salió y sonriendo me hizo pasar.
    
    - Ponte cómodo que ya regreso.- dijo la señora.
    
    Yo estaba en la sala, esperando su presencia. Al poco rato apareció ella, portando un polo pegadísimo y una licra negra.
    
    Ella se sentó a ...
    ... mi lado en el sofá pero los nervios eran muy grandes. El silencio se apoderaba de nosotros y nuestras miradas se encontraban entre sonrisas escondidas y tímidas.
    
    - Bueno, ¿es verdad eso que dijiste ayer?- preguntó la señora.
    
    - Sí.- contesté nervioso.
    
    Una sonrisa se dibujó en su rostro y lentamente se despojó de su polo, y ante mí, sus senos se mostraban turgentes y vigorosos.
    
    - ¿Te gustan?- preguntó ella curiosa.
    
    - Son grandazos.- respondí admirado.
    
    - Tócalos si quieres.- dijo dándome confianza.
    
    Con cierta inocencia acerqué mi mano y comenzé a tantear sus senos.
    
    - También me los puedes chupar.- agregó risueña.
    
    Yo sólo atiné a asentir con la cabeza, mientras mis labios se posaban hambrientos sobre sus duros pezones.
    
    - Así me gusta pequeño, sigue.- dijo ella acariciando mi cabello.
    
    Mi labor no cesaba, mi lengua disfrutaba como si de un recién nacido se tratara. Una mano, al inicio laxa, cayó sobre mi pierna para después posarse sobre la entrepierna, la señora frotaba afanosa el bulto del pantalón.
    
    - ¡¡¡Wouuwww, chico que tienes aquí!!!
    
    No pude evitar ruborizarme ante su sorpresiva expresión, y sonreía nervioso.
    
    - Esto tengo que verlo con mis propios ojos.- dijo ella intentando bajarme el pantalón.
    
    Ella hacía y deshacía conmigo como si de un muñeco se tratara y yo, en verdad, la dejaba en total libertad.
    
    - Vaya, esto sí que es increíble.- dijo la señora sin apartar la vista. Y eso que todavía está a medio parar.
    
    - ¿Tanto así le ...
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