1. En la escuela, algo mas que estudiar...


    Fecha: 25/07/2017, Categorías: Intercambios Autor: tigreblanco89, Fuente: SexoSinTabues

    La escuela, algo más que aprender… Todos hemos sentido esa atracción por alguien de nuestro salón o de nuestro grupo de amigos, yo lleve esa atracción a algo mejor, la acción… Siempre estamos en grupo hombres y mujeres a todos lados, y en mi “grupito” hay dos mujeres que me ponen loco. Antes que nada debo describirme, mi nombre es Roberto, soy un hombre de 20 años, alto de una complexión regular, ni muy musculoso ni muy delgado, digamos “mordible”, siempre he hecho deporte así que soy atlético sin llegar a exagerar, no me considero muy agraciado físicamente pero creo que mi personalidad lo compensa. Ellas son como una obra de arte hecha mujer, una se llama Alicia y la otra Mariana, sus cuerpos se complementan y hacen una combinación perfecta, Alicia mide como 1,65 es esbelta, delgada, con una cara tallada por los mismos ángeles, su tez es blanca con tintes rosas y unos labios rojos que te incitan a no dejar de besarlos nunca, su cara se ilumina con unos ojos color café claro que podrían hipnotizarte hasta hacerte caer rendido a los pies de semejante diosa, su cuello es claro y terso con lunares que es delicioso contar a besos, su hombros son delicados, “sus pechos podrían caber fácilmente en mis manos” pensé yo (no imagine que luego lo averiguaría ), su cintura es perfecta delgada, de esas que con un brazo puedes envolver por completo, sus caderas podrían hacer que hasta el más cuerdo perdiera el juicio, acompañadas de un par de nalgas que harían que no desearas ningunas ...
    ... otras, son grandes jugosas, de esas que no puedes abarcar con una sola mano, nalgas que no quieres dejar de morder y besar, y para terminar un par de piernas que cual buena deportista son la cereza del pastel de un postre perfecto que cualquier hombre desearía devorar. Mariana por otro lado, tiene un conjunto de encantos que la hacen el complemento perfecto de Alicia, su cara es bella, tez trigueña, su ojos son penetrantes café oscuro, el fuego puede verse a través de ellos, y cuando algo quiere su mirada te grita “cógeme” sus labios son un poco más gruesos y carnosos que los de Ali, un rosa pálido los hace enmarcar su angelical rostro, su cuello se antoja para marcar su piel a mordidas, sus hombros son fuertes para levantar un hermoso par de pechos que luchan por salir de la blusa que se ponga, fácilmente un sujetador copa CC o D se esconde bajo esa blusa blanca del uniforme, su cintura es marcada y se engalana con un trasero que aunque sea más pequeño juraría no querer dejar de nalguear. Los días pasaban y mi deseo crecía más y más, me sentía todo un adolecente prepuber tratando de ver por encima de sus escotes, o aprovechando para rosar sus nalgas o sus tetas en cualquier situación “accidental” o a manera de “juego”, moría de miedo de saber si se daban cuenta, aunque a veces pensaba que eran ellas las que trataban de pasar frente a mi o acercarse demasiado, me llenaba de ansiedad cuando se me quedaban viendo y secreteaban o se reían, había ocasiones en que la “provocación” era ...
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