1. Sensaciones inesperadas en un tren


    Fecha: 12/04/2023, Categorías: Bisexuales Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Ana se acercó al borde del andén, traspasando la línea amarilla. No había mucha gente en la estación, pero sabía que el metro vendría lleno de lo que había recolectado en su recorrido. De alguna manera, sabía también que tratar de ganar una mejor posición para entrar al vagón era casi absurdo, de todas formas iría como sardina una vez adentro. Sin embargo era algo que no podía evitar y no iba a resistirse a su instinto ganador. Al sentir el ruido del tren acercándose, dobló su cuerpo hacia delante y sacó la cabeza sobre los rieles; al fondo del túnel venía el metro. Se enderezó y a medida que el tren se detenía intentaba hacer puntería con una puerta que tuviera las condiciones perfectas. Las condiciones perfectas eran básicamente un espacio donde pararse entre la puerta de vidrio y alguna mujer. De esa manera se aseguraba el no tener a un hombre detrás que, además de oler mal ya entrada la tarde veraniega, podría sacar partido de la presión reinante. Una puerta perfecta se abrió frente a su cara y entró.
    
    Ana llevaba puesto un vestido largo de algodón blanco sujeto por dos delgados breteles. Su pelo amarrado en un nudo casual detrás de su cabeza, atravesado por un palillo chino de madera negra, dejaba descubierto su alto cuello sobre el cual caían algunos mechones no sostenidos por el amarre. Sólo cargaba un pequeño bolso que sostenía siempre con ambas manos por delante. Al entrar alcanzó a dar un par de pasos antes de quedar frente a frente con una mujer joven con traje ...
    ... de ejecutiva. Entonces dio media vuelta mientras las puertas se cerraban para quedar casi pegada a éstas. Tendría, pues, un viaje seguro. La estación de intercambio estaba a seis paradas desde allí y sabía que hasta entonces, nadie bajaría del vagón. Además, al pegarse a la puerta daría la falsa impresión de que ya nadie podría subir por ahí. En la primera parada su teoría demostró ser infalible. Nadie entró. Nadie salió. La segunda detención fue un golpe a la cátedra. Casi al detenerse, notó que las personas se acomodaban forzadamente en clara señal de que alguien se acercaba a la puerta. La mujer que tenía detrás fue empujada suavemente sobre el cuerpo de Ana. “Perdona, me empujaron.” Aunque no pudo voltearse del todo, esbozó una sonrisa de aceptación que debió ser percibida por su vecina. “Está bien, no te preocupes.” La mujer había quedado totalmente pegada a la espalda de Ana.
    
    El tren se detuvo y por la puerta bajó dificultosamente un escolar con una enorme mochila verde. “Que mal gusto…” murmuró Ana y sintió que su protectora rió con el comentario. La casual complicidad hizo que Ana respondiera con otra sonrisa, de nuevo dando el perfil. El tren partió otra vez. Pero la mujer no volvió a su lugar, se quedó pegada a Ana. Podía sentir los muslos de la mujer a cada lado de su pierna izquierda y la respiración pausada rebotando sobre el mismo hombro. Ana se quedó paralizada. Pensó en un primer momento darse vuelta forzadamente y encararla, pero cuando lo iba a hacer, la ...
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