1. Bajo la mesa


    Fecha: 08/03/2023, Categorías: Fetichismo Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... arreglado.
    
    -Muchas gracias -me contestó-.
    
    Cuando lo hubo enviado, pensé que se iría y que me quedaría solo en la oficina, pero en cambio, me dijo que se quedaría conmigo hasta que yo también me fuese.
    
    Eso era estupendo y me permitiría seguir admirando su anatomía. Ni que decir tiene que a estas alturas, mi polla estaba ya a punto de reventar. La situación era muy morbosa.
    
    De repente, me relajé demasiado y unas de mis aspiraciones de su pie sonó demasiado. Me quedé petrificado, estaba seguro que me había escuchado.
    
    Entonces ocurrió lo que nunca hubiera previsto. Con un suave movimiento, descalzó el pie que tenía cruzado y me dijo:
    
    -Espero que no te importe, pero es que llevo todo el día con estos zapatos y tengo los pies agotados. De todas formas, espero que no huela mal.
    
    -No tienes por qué preocuparte. Además, el olor de tus pies es muy agradable.
    
    Ella sonrió pícaramente y me puso el pie descalzo encima de la nariz mientras mirándome muy fijamente me decía:
    
    -¿De verdad lo dices? ¿Te gusta cómo huelen?
    
    Eso fue la gota que colmó el vaso. Me lancé hacia sus pies y comencé a lamerlos y olisquerlos como si me fuera la vida en ello.
    
    ¡Dios mío! Estaba fuera de control. No sabía que me estaba ocurriendo. No dejaba de chuparlos mientras con mis manos ascendía por sus piernas y la acariciaba hasta casi rozar su punto más erótico.
    
    Ella se separó de la mesa y poniéndose de pie se bajó la falda, las medias y las bragas. Ante mí apareció su coño en todo ...
    ... su explendor. Lo tenía totalmente cubierto con una mata de pelo sin depilar. Es cierto que sus piernas sin medias me mostraron que el paso de los años había hecho estragos en su piel, pero no me importó.
    
    Se volvió a sentar y yo retomé mis besos y caricias desde sus pies ascendiendo lentamente hasta llegar hasta su coño. Le separé los labios y comencé a chupar como si fuera el último manjar que quedase en la tierra.
    
    Ella gemía y se retorcía de placer. En un momento, apoyó su pie en mi polla, que ya había liberado, y comenzó a masajearla con maestría.
    
    ¡Tenía que detenerla! De seguir así no aguantaría mucho y me correría. No podía ser. Tenía que durar mucho más.
    
    Me incorporé y la quité la blusa y el sujetador. Las tetas eran muy grandes y bastante caídas. Los pezones estaban totalmente erizados y en su sobaco se apreciaba que llevaba varios días sin depilarse.
    
    La tendí en el suelo y la metí en aquél coño que ya a estas alturas estaba encharcado. Ella daba verdaderos gritos de placer y en pocas enbestidas me anunció que se estaba corriendo.
    
    Cuando terminó se quedó exausta, pero sin darle tiempo a recuperarse la di la vuelta y acomodé mi boca en el agujero de su culo. Aspiré y dibujé con mi lengua varios círculos mientras con mi mano seguía estimulando su clítoris.
    
    Ella pareció enloquecer. Se retorcía de placer al tiempo que gritaba:
    
    -¡No! ¡No! ¡Por ahí no!
    
    No hice caso y sin avisar me coloqué en posición y se la clavé en el culo de un solo golpe. Ella ...