1. Tripulación caliente


    Fecha: 27/11/2022, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Lo había visto muchas veces. En el avión, en el restaurante, en la oficina, en la piscina… Ahora estaba de pie al final del pasillo, con la llave de la habitación en la mano y una mirada penetrante, esa con la que nos intentaba intimidar a todas. Sonreía mientras me acercaba a él arrastrando la maleta después de un largo día de vuelo; las suyas reposaban junto a la entrada de su habitación, que se encontraba frente a la mía.
    
    La luz del pasillo iluminó el rostro a Juan, marcando con más fuerza sus facciones, ya de por sí duras, eso le daba un aire rudo y peligros, que inmediatamente me hizo sentir un hormigueo en el bajo vientre. Todavía llevaba el abrigo puesto, aunque recordaba haber visto su cuerpo atlético, que me había sacado más de un suspiro y que me había acompañado más de una noche en sueños.
    
    Ya a su altura me dedicó la mejor de sus sonrisas. Su piel ya se había calentado al estar tanto tiempo en el hotel y en contacto con la mía, todavía fría, el hormigueo pasó a ser algo más.
    
    -¡Que fría estás!
    
    -Hace frío -repliqué, asiendo con fuerza el asa de la maleta, intentando ver cómo tomar el control de la situación.
    
    Llevaba mi abrigo en el brazo y en la mano libre la maleta. Intenté hacerle ver que iba a sacar mi tarjeta, pero antes de comprender mis intenciones, se acercó a mí con las manos extendidas y las posó sobre mis caderas.
    
    -Esta talla no es la correcta -dijo, tirando levemente de la tela-. ¿Por qué no has pedido otra?
    
    Sentí la presión de sus ...
    ... grandes manos a ambos lados de la cintura y a pesar de estar hablando de mi uniforme, lo único que quería pedirle era que me lo quitara.
    
    -¡Lo hice! Pero aún estoy esperando… Como no la tengas en la maleta…
    
    -¿Quieres ver lo que tengo en la maleta?
    
    Lo miré sorprendida y encantada con esa pregunta. Noté el calor llegar a mis mejillas, así como notaba la creciente presión que ejercía sobre mis caderas. Me imaginé por un momento cómo sentiría esos labios tiernos deslizándose por todo mi cuerpo, a la vez que me sujetaba de otras mil maneras. Quise dejar de hablar de trabajo y comenzar a recorrer ese cuerpo con la boca.
    
    Por supuesto que notaba el efecto que producía en mí, lo había notado desde el primer momento que me perdí en su boca, en su cuerpo, en esos ojos que me devolvían una mirada torva que me prometía una costa de placer pleno. El hormigueo se extendió a mi garganta y se convirtió en una presión más fuerte que la que él ejercía sobre mí. Pronto comprendió que ya no iba a decir nada más, se apartó de mí y volvió a sacar la llave de su habitación.
    
    No podía dejar que se fuera con esa sonrisa de suficiencia en el rostro, como si fuera tonta y tan solo el hecho de que me tocara me dejase sin habla. Dejé el abrigo sobre la maleta y salvé la distancia que nos separaba, pasé ambas manos sobre sus hombros, lo hice dar media vuelta y lo empujé con fuerza contra la pared. La expresión de su rostro cambió rápidamente de la sorpresa a la expectación. Se preguntaba qué iba ...
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