1. De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte V)


    Fecha: 07/11/2022, Categorías: Transexuales Autor: Dann24, Fuente: CuentoRelatos

    ... y además es costeño, es decir de temperamento ardiente.
    
    -Como todos los de éstos rumbos- sentenció el, mientras me miraba de reojo las piernas. Ahí entendí que el vestido, de por sí pequeño, no era apto para sentarse, pues la falda se subía mucho y obligaba a permanecer con los muslos cerrados y las manos entre ellos. Mi tía de pronto lanzó un pequeño grito en lo que profería:
    
    -¡Pero que idiota soy! ¡Tengo que ir a ver a la vecina para inyectarla!
    
    -Ups tía- le contesté aliviada, porque pensé que eso obligaría a ese señor a retirarse.- pues ve entonces.
    
    -Sí, vaya con confianza Bertha. Yo solo me acabo mi bebida y me iré también. - dijo él mientras para mí se prendían de nuevo las alarmas.
    
    -Está bien. En un rato regreso, cómo en unos cuarenta minutos. Levantas por favor todo y lavas los trastes Dany.- ordenó ella en lo que tomaba su bolsa y se dirigía a la puerta.
    
    -Si señora.
    
    Una vez que Bertha cerró por fuera la puerta, el hombre volteó descaradamente hacia mí y dijo: ven, que estás muy lejos. Así no se puede brindar.
    
    -Aqui estoy bien. Gracias- contesté mientras instintivamente buscaba algo con que taparme mis extremidades inferiores.
    
    -De acuerdo preciosa, entonces yo voy- advirtió él al tiempo que acercaba su humanidad a escasos centímetros de la mía- salud, por el placer de conocer a una mujer tan guapa como tú- agregó en lo que chocaba su vaso con el mío. Yo estaba espantada, pero también algo intrigada. Porque aún no entendía hasta donde es ...
    ... capaz de llegar un hombre para saciar sus instintos. Después de todo, esa seguía siendo la casa de mi tía, a la que él y cualquier persona debía un respeto, así que no sospeché que llegara a más de unos piropos subidos de tono y unas lascivas miradas. Pero él continuó su insistencia, poniendo una de sus rudas manos encima de mis piernas. Empezó a acariciarlas, mientras con su brazo rodeaba ahora mis hombros.
    
    -Pero que lindas piernas tienes muñeca... y tu piel es igual de suave y bonita.
    
    -¿Qué hace? -pregunte a la defensiva, a la vez que intentaba levantarme. Pero él no me dejó mover ni un centímetro. Acercó su rostro a mi cara y tomó una de mis manos, atrayéndola hasta donde se encontraba la base de su pene. Me sentía escandalizada por lo que estaba haciendo, pero la curiosidad de tener entre mi mano una tranca que se adivinaba dura y gruesa pudo más que cualquier reclamo que quisiera hacerle. El notó que no había movido mi mano de aquel sitio -por más que pudiera hacerlo- y dijo: ¿Te gusta, eh? Entonces abrió su cremallera, se abrió el calzón y lo que vi me sorprendió sobremanera: era una polla dura, no demasiado grande pero si gruesa y venuda. Roja y brillosa en la punta. Yo solo tenía como referencia la mía, pero he de reconocer que ni en su mayor excitación se hallaba cómo aquella. Empecé a halarla con mi mano, haciendo un movimiento de sube y baja desde el tronco hasta la cabeza, haciendo contorsionar al hombre dueño de aquella poderosa herramienta. Don Melquiades solo ...