1. Olor moreno


    Fecha: 23/08/2022, Categorías: Hetero Autor: Ber, Fuente: CuentoRelatos

    En ese entonces, yo tenía 26 años y estaba casado. Tú, más joven, trabajabas de sirvienta con mi mamá. A esa edad todas las mujeres son bonitas, pero a algunas se les nota lo putas, como en tu caso. Cuando tenías oportunidad pasabas junto a mí y me pegabas tus lindas nalgas, eso era infaltable al encontrarme en un pasillo estrecho o en la cocina, de pie pegado a la pared y pasabas entre la mesa y yo, aunque hubiese un paso libre del otro lado. Una vez escuché que mi mamá le decía a mi hermana “Ésta anda arrastrando la cobija para ver quién se la pisa”, seguramente porque tu comportamiento era similar con todos.
    
    Se dio la oportunidad de rentar una casa frente a la de mi mamá, pero antes de mudarme completamente tuve que pintar y empapelar las recámaras. Te pedí ayuda y acudiste.
    
    Me ayudabas a empapelar mi recámara. Llevábamos media hora de trabajo y tu olor ya estaba saturando la pieza; al aspirar tus deseos se dispararon los míos… Te abracé por detrás, percibiendo en ti satisfacción en lugar de sorpresa. Dejaste la brocha y te volteaste hacia mí —radiante— para besarme. Inmediatamente comencé a desvestirte; tú hiciste lo mismo conmigo. No supimos dónde quedó nuestra ropa. Los besos y caricias llovieron sobre nuestros cuerpos.
    
    En la ascendencia de nuestra lujuria, de pronto y sin apenas darnos cuenta, nos encontramos disfrutando de la posición numeral que nos obligó a paladear el sexo. Tu boca me aprisionó para que tu lengua jugueteara; tu sabor no me pareció ...
    ... desconocido, mi olfato no me había engañado, y supe entonces qué había provocado mi pasión. Probé tus deseos convertidos en flujo, sustancia que manaba al ritmo en que mi lengua completaba los ciclos de su navegar entre tus labios, subir sobre la cúspide del turgente clítoris y sumergirse en la profundidad de tus húmedas paredes.
    
    Tú seguías, también, con lengua atareada y ser gozoso, succionando desenfrenadamente mi conciencia. Repentinamente, tuve que apartarme al sentir todo mi ser dentro de tu boca… se oyó el chasquido de un chupetón, te quedaste «de a seis», inmóvil y sorprendida por la manera tan brusca en que me aparté. Me reincorporé; viste mi mueca de gozo y sonreíste. Nos abrazamos y, mientras mi boca te entregaba el sabor del néctar recogido de tu cuerpo, te penetré. Tu fuego se transformó en danza, y un instante antes de que el movimiento de tus caderas lograra hacerme perder de nuevo la razón pude apartarme; pero el frenético abrazo en el que me envolvías hizo rodar nuestros cuerpos permitiendo regar mi semilla sobre el negro de tu suave monte.
    
    Ciertamente, deseabas que continuara dentro de la calidez cuya entrada guardaban tus piernas pues tomaste mi miembro para dirigirlo hacia el fondo de tu vulva. El tacto te dio cuenta de lo que había pasado. Tu sonrisa creció, exprimiste con fuerza para extraer lo que aún faltaba. Cambiaste la mano hacia tu cuerpo y extendiste el producto de mi satisfacción en la suave piel morena de tu vientre.
    
    Descansamos un rato. Después ...
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