1. La hermana de un amigo me obliga a masturbarme


    Fecha: 08/06/2018, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Sevillano, Fuente: CuentoRelatos

    A mis 18 años, la hermana de mi amigo Enrique era mi más hondo deseo. Ella tenía 4 años más que nosotros. Lo recuerdo perfectamente porque cuando todo pasó ella estaba en el cuarto año de la universidad y yo recién entrado en la facultad.
    
    Verónica se llamaba. Vamos... y se llama. En aquel entonces tenía un novio de 24 o 25 años. Un melenudo con camisetas de Nirvana y un Ibiza rojo.
    
    Verónica no sólo era la musa para mis pajas. Era la musa para más de una paja a los chicos de mi edad. A nuestra edad, acompañados por nuestro acné y nuestras revolucionadas hormonas, el cuerpo de aquella chica era toda un imán que nos llamaba a voces.
    
    Curvas marcadas, culo prieto y bien formado, tetas grandes para esa cintura que se gastaba... todo ello acompañado por una bonita sonrisa, ojos marrones claros y pelo rizado castaño.
    
    Toda una tentación que provocaba que las tuberías de nuestras casas casi se colapsaran con todo el semen que echábamos en las duchas pensando en aquel cuerpo.
    
    Yo, sin experiencia real apenas con chicas, y con una experiencia de unos años de pajas a mis espaldas, soñaba con besarla, con metele la polla en la boca, entre las tetas, en el coñito... Y así un día tras otro.
    
    Los padres de mi amigo eran médicos del centro de salud de la localidad, por lo que él tenía muchas horas en la que estaba solo. Para compensar eso, parece, que los padres lo mimaban en exceso. Capricho que quería el niño capricho que tenía. Así consiguió la consola que en ...
    ... aquellos tiempos estaba de moda. Y con ella uno de los primeros Fifa del mercado, el noventa y tantos. En esos tiempos no había juego online. Los amigos quedábamos a jugar y lo hacíamos juntos, en la misma habitación. Y aquellos Fifa eran para eso geniales (en aquella época, claro).
    
    Aquel día había quedado con Enrique sobre las 17, tras comer y tal. A esa hora me fui para su casa, en la misma calle que la mía y llamé al timbre. Me abrió Verónica, que llevaba un vaso de leche en la mano. Me dijo que su hermano estaba arriba en su habitación. Cerró la puerta, y se puso delante de mí en la escalera para subir. Mis ojos se pusieron como platos. Iba sólo vestida con una camiseta. Descalza. Andando casi de puntillas. La camiseta, que era blanca, no le llegaba a tapar todo el culo. Por lo que marchando un par de escalones por detrás pude ver perfectamente su blanquito culo apenas tapado también por unas braguitas rosas que se le recogían hacia la rajita del culo. Mis ojos sólo hacían recorrer, mientras subíamos, aquel cuerpo. Desde el talón del pie a la cola donde tenía recogido el rizado pelo y vuelta atrás.
    
    Creo que subí aquellos escalones con el corazón sin latir y, además, sin respirar.
    
    Llegamos arriba y ella sin girarse entró en una habitación que usaba como mini salón: un par de sofás y una tele.
    
    Yo seguí por el pasillo hasta la habitación de mi amigo. Miré mi polla y vi que estaba morcillona pero no erecta y que no se notaba demasiado. Así que llamé y entré en la ...
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