1. Independizarse


    Fecha: 01/01/2022, Categorías: Sexo Interracial Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Pensaba yo que independizarse, irse a vivir solo, permitiría llevar una vida sexual más amplia, menos controlada, sin tener que dar explicaciones sobre quién es la chica que te acompaña, o porqué no es la misma que la semana anterior. El hecho de vivir en solitario también conllevaba otras obligaciones tales como hacer la compra, la comida o la colada, cargas ínfimas si se comparan con la posibilidad de practicar un folleteo sin restricciones. Lo que no podía ni sospechar era que cumpliendo con estas obligaciones iba a dar con quién compartir mi vida sexual en mi nuevo apartamento. Y es que fue haciendo la compra, en la cola del súper concretamente, donde encontré a la chica que me tiene más que enganchado.
    
    Había bajado a un supermercado cercano para hacer la compra semanal, que en mi caso se limitaba a cuatro o cinco envases fáciles de preparar y baratos, cuando al situarme en las cajas para pagar, reparé en la mujer que estaba delante de mí, o a decir verdad, reparé en su tremendo culo. La dueña de aquellas posaderas firmes y rotundas era una mujer negra, de unos 30 años, que sacaba su compra de la cesta. Aunque nunca me habían atraído especialmente las mujeres de piel de ébano, y me gustaran más las de mi edad (23 años entonces), en aquel momento su culazo me tenía cautivado. Agachándose delante de mí para sacar su compra de la cesta y ponerla sobre la cinta de la caja, su trasero se me presentaba irrechazable, en pompa, firme, duro, casi reventando el pantalón ...
    ... vaquero que vestía aquella mujer. Teniéndolo ahí, a escasos treinta centímetros, tan a mi merced, todavía no me explico como me contuve y no apoyé mis manos sobre sus rotundas nalgas. Creo que esta contención, al final acabó resultando premiada.
    
    -“16.90”- dijo la voz seca de la cajera sacándome de la absorta contemplación del paisaje que se dibujaba donde acababa la espalda de esa negra. Reaccioné al oír a la cajera repetir el precio. Todavía no era mi turno, sino el de la dueña de ese culazo.
    
    La mujer miraba en su bolso, rebuscando la cartera, nerviosa. Sacaba todo lo que llevaba pero seguía sin encontrar el dinero.
    
    -“Olvidé mi monedero”- dijo por fin con un gracioso acento caribeño pero con rostro de preocupación.
    
    La cajera la miró con gesto de pocos amigos, como diciendo que ese no era su problema. La dueña del mejor culo que haya visto nunca volvía a mirar en su bolso mientras la cajera miraba la cola que se estaba formando.
    
    -“Voy y le traigo el dinero en un momentico”- sugirió la clienta, pero ante la poca conformidad que expresaba la cara de la cajera, decidí intervenir.
    
    -“Cóbrese”- dije estirando el brazo y mostrando el billete que llevaba preparado para pagar mis compras.
    
    Las dos mujeres me miraron. La cajera no sabía si coger el dinero y esperaba la conformidad de la mujer, y ésta me decía que no me molestase, que vivía allá cerca y que si le guardaban las bolsas ella volvía en cinco minutos. Insistí: “Cóbramelo”. Ahora sí la cajera cogió el billete y ...
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