1. Carolina y sus grandes tetas dan de mamar a su suegro


    Fecha: 27/04/2018, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Todo empezó a las 10 de la noche.
    
    Carolina, era una joven de 20 años, alta, morena y delgada. Llevaba puesto un pijama de seda blanco. Estaba sentada en un sillón de la sala de estar de su casa, dándole el pecho a su bebé. Llegó Antonio, su suegro, un cincuentón, moreno y espigado. Miró para las grandes tetas de Carolina, y para la leche que caía de las comisuras de los labios del bebé, y exclamó:
    
    -¡Qué suerte tienen algunos!
    
    Carolina, lo reprendió.
    
    -¡Papá!
    
    Antonio, se sentó al lado de Carolina. No paraba de mirarle para las tetas. Carolina, sabía que la esposa de Antonio, había muerto dos años atrás, y que su suegro, llevaba más de dos años sin follar, ya que no pagaba por sexo. Pero él no era así. Su mal comportamiento tenía que ser por lo que había bebido.
    
    -¿Me estás mirando las tetas, papá?
    
    -No. Las tienes preciosas, pero estoy mirando para mi nieto.
    
    -¡Encima sarcasmo!
    
    -Joder, hija. ¿Qué culpa tengo yo de que tengas unas tetas tan grandes y apetitosas?
    
    -¿Cuánto has bebido?
    
    -Media docena de wiskies.
    
    -Se nota, se nota.
    
    Antonio, parecía arrepentido de lo que había dicho.
    
    -¿Crees que me pasé siete pueblos?
    
    -Siete, no, catorce.
    
    Antonio, se levantó y le dijo a su nuera:
    
    -Debieron ser los wiskies los que hablaron por mí. ¿Me perdonas?
    
    -Perdonado.
    
    -Me voy a mi habitación a ver una película.
    
    -¿Qué película vas a ver?
    
    -La última que me dieron pirateada. Kong, Skull Island.
    
    -Kong, la Isla Calavera. Debe estar ...
    ... bien.
    
    -Eso es lo que me dijeron. ¿Quieres verla conmigo?
    
    -¡¿Después de lo que me has dicho?!
    
    -Ya te pedí perdón.
    
    -Sí, pero...
    
    -¿Cuántas veces hemos visto tú y yo películas pirateadas en mi habitación?
    
    -Muchas.
    
    Antonio, se acordó de su hijo.
    
    -Por cierto. ¿Te llamó Miguel?
    
    -Sí, y me dijo, entre otras cosas, que la plataforma petrolífera en la que está ahora no era tan peligrosa como decían.
    
    -Me alegro. ¿Te espero para ver la película?
    
    -Espera. Le acabo de dar de comer al niño, y voy.
    
    Carolina, le acabó de dar de comer al bebé. Lo llevó a su habitación, y dormido, lo metió en la cuna.
    
    Fue a la habitación de Antonio. Estaba echado en la cama, con su torso peludo al descubierto y con el pantalón del pijama puesto. Carolina, llevaba más de dos meses sin catar una polla, y al ver a su suegro, que con sus 52 años tenía su puntito, ganas le dieron de volver a su habitación con su hijo, pero su cabeza le decía una cosa y su chocho, otra. Se echó en la cama, a unos diez centímetros de su suegro.
    
    Antonio, apagó la luz y puso el video de Kong. Un par de minutos más tarde, Carolina, vio un bulto bajo el pijama de Antonio. Su perfume, y porque no decirlo, el olor a la leche de sus tetas, debieron ser la mezcla explosiva que lo pusieron palote.
    
    Carolina, se empezó a poner cachonda. Se acurrucó a su lado, sin decir nada. Antonio, con un dedo, acarició su cabello, y le dijo:
    
    -Eres hermosa como una diosa.
    
    -¡Papá! Que estamos solos en casa, en una cama. ...
«123»