1. Negación - Capítulo 3


    Fecha: 23/04/2018, Categorías: Incesto Autor: Gonza-Neg, Fuente: CuentoRelatos

    Eran las cinco de la tarde y ya estaba enloqueciendo, faltaba media hora para que mi jornada de encierro dentro de estas cuatro paredes terminara. Aun no entendía bien que pasaba, me cuestionaba todo, a lo mejor había hecho, sin querer, alguna cosa que le desagradó durante la noche, o en la mejor de las situaciones, un ángel habló en sus oídos, cupido acertó el flechazo – en el momento en que me empalaba con su pene – y se dio cuenta que yo era una buena opción. O quería más, se cansó del sexo anal, y ahora quería que yo fuera más activo en la relación, la idea de poder mirarlo a la cara, sin pensar que estaba cometiendo un sacrilegio, me ilusionó. O poder besar sus labios… decidí no dirigir mis pensamientos por ahí. De nada servía excitarme en vano, terminaría en el baño masturbándome, imaginándolo tocándome… tocándolo… - ¡Mierda!
    
    Comencé a preparar mis clases en el gimnasio. Si hace diez años me hubiesen dicho que terminaría siendo instructor de baile entretenido y Zumba Fitness, me habría reído en su cara y habría terminado de comerme un Hot-Dog en el proceso, está bien. No uno, sino varios. Desde que nací hasta que alcancé la pubertad lo que hacía era más rodar que caminar. Era una aspiradora humana, nada comestible estaba remotamente a salvo ante mi presencia. Fue la misma niñez la que me arrebató el gusto por la comida. A veces los niños pueden ser muy crueles con sus palabras, y sé bien, como una palabra inocente, o un apodo divertido, puede cambiar tu vida para ...
    ... siempre. Te hace sentir despreciable y comienzas a odiarte a ti mismo. Te miras al espejo y lo que ves no te gusta. No quise eso más para mí y tome las riendas de la situación.
    
    Comencé a hacer deporte y eventualmente descubrí que podía coordinar mis brazos y piernas, me volví exigente, y para cuándo llegué a los dieciséis mi vida había dado un vuelvo, dejé atrás al gordito llorón. Y cambié los Hot-Dog por pesas de gimnasio. Estaba en la Universidad, y nuevamente fue mi ángel Claudia la que me incentivó, a prepararme como instructor de baile, y lo hice bien. Pronto tomé fama de ser un profesor exigente, pero carismático. Siempre supe que Claudia lo hizo como un intento de mostrarme que existían otras actividades alternativas a la prostitución, pero la solvencia económica que se alcanza no se compara ni por asomo. Llevaba un tiempo trabajando como independiente cuando recibí una oferta laboral de uno de los mejores gimnasios de la ciudad, necesitaban instaurar dos clases durante las tardes, a las dieciocho y veinte horas. Acepté y rápidamente mis clases se hicieron famosas.
    
    Atribuía ese éxito más al carisma que al talento, aprendí a hacer que las personas, en su gran mayoría mujeres, se sintieran cómodas y seguras, y se olvidarán de la mancha de mostaza, lograba hacer que dejaran de pensar y yo también lo hacía, estaba atento a las coreografías, pendiente de los cambios de ritmo, y contar – hasta para eso soy muy matemático – y ellas por otro lado, se preocupaban de seguir ...
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