1. Mi admirador secreto


    Fecha: 07/04/2018, Categorías: Lesbianas Autor: siluetas, Fuente: CuentoRelatos

    ... un torpe intercambio de palabras, terminé acercando mi rostro al suyo innecesariamente, y ello derivó en un suave beso por parte de ambas bocas. Sus manos empezaron a acariciar mis sonrosados muslos, y yo hice lo mismo con su rostro moreno oscuro.
    
    Tras varios minutos de la faena, tumbados en el sofá de la sala, preguntó:
    
    —¿Entonces, mami? ¿Vamos a hacerlo?
    
    —Así es —respondí, al descubrir el lado sucio de su actitud, y el cual empezaba a gustarme.
    
    Lo tomé del brazo y lo guíe hasta mi habitación. Apenas acabábamos de entrar cuando me puso contra la pared y continuó besándome y acariciándome. La sensación de sus manos recorriendo mis pechos y mi trasero fue terriblemente excitante, y el sonido de su respiración no hacía más que disparar mi pasión hasta el cielo.
    
    Empezó a desabotonar mi blusa, para dejar al descubierto mi busto en un sostén negro. Eso le hizo detenerse.
    
    —Siempre soñé con acariciar su cuerpo. Me ha encantado desde que la vi. —confesó con algo de timidez.
    
    —Hoy podrás hacerlo todas las veces que quieras —respondí, y a continuación dejé caer mis shorts. Quedé luciendo mi conjunto de ropa interior negra, uno muy fino que había conseguido hace poco... Pero que estaba estrenando para Eddie. Me alejé un poco y le modelé como lo haría una profesional. Casi le imaginé babeando ante el espectáculo.
    
    La sesión de besos continuó, pero ahora el manoseo era más intenso. ...
    ... Empecé a desvestirle: ya era tiempo de admirarle a él sin ropa. Lo dejé en calzoncillos, y aproveché para sacar su miembro. Mucho más grande de lo que esperaba. Me agaché y procedí a darle la mamada de su vida. Le oí respirar ruidosamente, como conteniendo un placer arrebatador. Un agradable aroma de semen juvenil inundó mi habitación.
    
    —Guarda un poco. Vamos a necesitarlo —le aconsejé.
    
    —Genial —comentó el lindo Eddie.
    
    Lo puse en la cama y lo dejé desnudo por completo. A continuación, le di el espectáculo de su vida al quitarme la poca ropa que usaba. Me senté sobre su pene, despacio, para que mi enorme cuerpo no le dañara. Noté como la sensación le dibujaba una enorme sonrisa de placer al chico. Procedí entonces a subir y bajar: primero con lentitud, luego a una velocidad frenética, dejando que él me estrujara los pechos con sus manos. Si nunca había probado a una mujer de verdad, en ese momento le di un banquete de reyes.
    
    Luego me tocó acostarme boca arriba para que él se encargara de atacar mi clítoris. Toda la energía del chico se enfocó en hacerme gemir y pedir más, y vaya que lo logró.
    
    Se vino dentro de mí. Fue delicioso.
    
    Ratos después, ambos yacíamos desnudos y viéndonos a los ojos en silencio. No había nada que decir. Todo lo habíamos transmitido con nuestros cuerpos.
    
    Al llegar mi esposo, Eddie ya estaba lejos. Y seguramente como yo, ya estaba preparando la segunda cita. 
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