1. El ascensor


    Fecha: 28/03/2018, Categorías: Anal Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... estando excitados eran bastante prominentes, se marcaban claramente sobre la licra. Su vecino hacía rato que se había quitado la chaqueta que yacía pulcramente doblada sobre una mochila de ejecutivo. Su camisa también empezaba a empaparse, a pesar de haberse desabrochado disimuladamente los primeros botones. Sin duda más por el efecto psicológico que el termostático, porque no por ello sudaba menos.
    
    - Mataría por una cerveza bien fría -Pensó- Una jarra helada que doliera la mano al cogerla! Dios, me muero de sed- Se pasaba la mano por la frente empapada de sudor sólo para volver a sentir inmediatamente como brotaban las gotas de nuevo. Como si le hubiera leído el pensamiento su vecino se agachó para abrir la mochila. Una botella de agua. Los ojos de ella se abrieron como platos y su cara debía mostrar un deseo tal que su vecino sonrió levemente y le ofreció gentilmente la botella.
    
    - No queda mucha, pero un par de tragos podremos echar. - Ella miró dubitativa la botella. Se acordó absurdamente de la frase "al enemigo ni agua!" Pero el enemigo que ofrece un tregua deja de serlo, no? Bueno, no, claro. Pero su ofrecimiento parecía sincero y amable. Tal vez había llegado el momento dejar el orgullo a parte y pasar página.
    
    - Gracias, estoy al borde de la deshidratación. Cogió la botella y le dio un trago que le supo mejor que cualquier cerveza helada que hubiera tomado nunca. Cuando se la devolvió observó avergonzada que prácticamente se la había acabado- Perdona -dijo ...
    ... toda sonrojada, si en esa sauna es que aquello era posible. Su vecino cogió divertido la botella y bebió de un trago el resto de su contenido.
    
    - No importa. Está claro que tenías más sed que yo.
    
    - Gracias otra vez. No sólo me das tu agua, sino que casi la termino. Ahora me siento fatal.
    
    - Pero con menos sed -contestó con una amplia sonrisa- ¿Cómo puede un capullo pasar en un segundo a ser una persona encantadora? Ahora se sentía doblemente mal.
    
    - Supongo que te debo una disculpa por lo de la fiesta. Creo que empezamos con muy mal pie.
    
    - Sí, pero yo también te debo una disculpa. Me pillaste en unos días de mucho estrés en el trabajo y creo que esa noche la pagué contigo. Aún recuerdo lo que era ser joven y dar alguna fiesta.
    
    - Anda, no seas exagerado! No eres mayor para nada.
    
    - Gracias. Por cierto, creo que es hora de que me presente debidamente. Me llamo Pablo.
    
    - Yo Susana.
    
    Se dieron dos besos de rigor en la mejilla. La estrechez del ascensor justificaba que se hubieran acercado más de lo habitual. Ella no pudo evitar sentir un bulto prometedor en la entrepierna de él y por su parte aplastó un poco más de lo debido sus pechos contra el torso de él.
    
    - Este calor es sofocante. Espero que no te importe, pero tengo que quitarme la camisa.
    
    - Claro que sí! Digo, que no! - de repente estaba nerviosa como una colegiala. Lo que le faltaba, que la tomara por una mojigata- Claro que te la puedes quitar. A saber el rato que vamos a seguir aquí.
    
    - uffff ...
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