1. los blanquísimos jamones 6


    Fecha: 23/02/2021, Categorías: Hetero Tus Relatos Autor: Caramelo, Fuente: RelatosEroticos-Club

    ¡Lo último que quisiera que pasara! ¡Nunca lo quise! ¡No! Es lo mismo que siento. Eso es lo terrible. ¿Qué pasará en 5 ó 10 años? Ese es mi problema. ¿Cómo hago el día que ella me abandone por ser un “viejo”? ¿Cómo hago todo esto? Ya lo había pensado antes de que Araceli me diga que me ama. ¡Por eso no quería que sucediera! 
    -Yo…, yo…, también… También te amo…, desde la primera vez que estuvimos juntos… - Le tomé el rostro. - Por eso me costó tanto…, eso…, lo de “las tías”… Me era difícil encararlo teniendo presente mi amor por vos. ¿Cómo podía ser?
    -Yo estoy segura de que vos no me vas a dejar por ellas. Pero sabía que si yo no te lo decía, vos no me lo ibas a decir…
    -¿Qué cosa?
    -¡Qué nos amamos! Era inevitable.
    -Pero… ¿seguro que tus tías te dijeron todo?
    -Sí, claro. Estamos de acuerdo… Sabíamos que, en definitiva, para vos no iba a ser solamente la “tarea” de hacerles un hijo. Te iba a gustar estar con ellas. Pero eso en nada iba a disminuir mi amor por vos…, y… tu amor por mí… Lo sabíamos, Patricia, Romina y yo… - Araceli me dio un suave beso en los labios… Su ternura era imposible de superar… - Y sé que vas a “insistir” en tratar de embarazarlas y no te va a molestar… para nada. Ellas, además de lesbianas, son mujeres hermosas e inteligentes, tanto que decidieron, luego de conocerte, que vos serías el mejor padre… ¡y yo estuve de acuerdo!
    	Yo era un “pensador” insoportable. “Nunca sé dónde me llevarán mis pensamientos”. Creo que era Montaigne quién decía eso… 
    ¿Y ...
    ... si todo fuera una maquinación de Araceli? Hacerme estar con “las tías” todo lo que yo quisiera, para ella hacer lo mismo, algún día, con algunos de sus muchos amigos, que seguramente tiene. ¡Yo no tendría ningún derecho a criticar nada! ¡Qué sé yo! 
    La ilusión y la angustia se alternaban en mis pensamientos. Pero no tuve tiempo de pensar más… Araceli me volvió a besar, no suavemente… ¡introdujo su lengua hasta la campanilla! Me tiró sobre la cama y se sentó a horcajadas.
    Su sonriente carita era un poema. Buscó con la mano la pija y la acomodó sobre mi vientre. Comenzó a “repasarla” con la vagina. Sentía como sus labios se acariciaban sobre la misma…, y como me iba sometiendo a su calentura. Cada vez más dura…, casi me dolía de tenerla en esa forma y no poder erguirla…, cuando se levantó sobre las piernas apoyando sus manos en mi pecho y… ¡se la enterró hasta el fondo como un misil!
    Yo empujaba hacia arriba, ella hacia abajo, hasta que empezó a cabalgar desenfrenadamente, inclinada hacia mí. Le comí las tetas, las acariciaba suavemente, dentro de lo posible, pues su cabalgata era tan frenética que a veces se me escapaban de las manos. La tomé de la espalda para que aminorara algo y le chupe los pezones.
    -¡Aaaahhh! – Jadeaba y pedía más y más. Me apretó la pija con la concha  y arqueó su cuerpo, mordiendo los labios y echando la cabeza hacía atrás. Su cuerpo se tensó y comenzó a temblar.
    -¡Dios! ¡Qué hermoso! ¡Nunca termina el placer con vos! ¡Mi amor! – Ahora se lo podía ...
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