1. La reeducación de Areana (9)


    Fecha: 20/11/2017, Categorías: Erotismo y Amor Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... ubicarse para hacer ese cheque.
    
    -¿Qué pasa? –le preguntó Amalia.
    
    -¿Dónde puedo sentarme?
    
    -¿No le parece que lo lógico es sentarse a la mesa?
    
    Eva se sentía cada vez más cohibida e intranquila ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
    
    -Sí, es cierto… -murmuró y dio unos pasos hacia la mesa principal, pero Amalia la detuvo con tono imperativo:
    
    -¡Quieta ahí! ¡¿Qué hace?!
    
    Eva se detuvo inmediatamente, presa de una confusión que se acentuaba y se convertía en una sensación muy dolorosa sicológicamente. Miró a Amalia con expresión suplicante y dijo:
    
    -Usted me dijo que…
    
    -¿Le dije que se sentara a la mesa?...
    
    -Bueno… Sí… me…
    
    -Yo le dije que lo lógico era que hiciera el cheque sentada a la mesa, pero no la autoricé a que se sentara.
    
    Sometida a una cada vez más intensa presión sicológica, Eva estaba a punto de quebrarse, vencida por la perversa estrategia que Amalia estaba implementando.
    
    -Marisa, traé a la perrita. –ordenó la dueña de casa y la asistente abandonó el living para cumplir la orden.
    
    -Ahora sí la autorizo a que se siente a la mesa para hacerme el cheque. –dijo Amalia. Cuando estuvo sentada con la chequera en la mesa, Eva tuvo que esperar un rato a que la mano que sostenía la lapicera dejara de temblar.
    
    Minutos después Marisa volvía con Areana, vestida con la ropa que lucía cuando fuera llevada al departamento: su uniforme de colegiala, y un pequeño bolsito de mano. Al verla, Eva corrió hacia ella y la abrazó ...
    ... estrechamente, a punto de estallar en sollozos. La niña respondió al abrazo muy tibiamente y se limitó a decir:
    
    -Hola, mamá.
    
    -Ay, hijita, ¿cómo estás?...
    
    -Muy bien, mamá, gracias. –contestó fríamente la sumisita y ante una orden de Amalia se liberó de los brazos de Eva y fue a sentarse en el sofá.
    
    -Bueno, perrita, a ver, contanos la idea que tenés de tu madre. –dijo Amalia sorprendiendo a Eva.
    
    -Y usted, siéntese ahí. –le ordenó a la conmocionada mujer señalándole un sillón cercano al sofá, y Areana comenzó a hablar:
    
    -Mamá es débil… No tiene carácter… vacila siempre ante cualquier cosa… La recuerdo desde siempre incapaz de tomar decisiones… Aunque se trate de una estupidez sin importancia ella vacila, no es capaz de resolver nada… Creo que necesita desesperadamente de alguien que la guíe, que decida por ella… Me acuerdo de que cuando papá vivía era él quien la sostenía, quien mandaba… Creo que… que mamá es una sumisa, como yo, y no lo sabe, como tampoco lo sabía yo hasta que la señora Amalia me permitió descubrirlo…
    
    En el living se hizo un silencio pesado, perfecto, que luego de unos segundos rompió Amalia:
    
    -¿Qué piensa de lo que ha dicho su hija?
    
    Eva permanecía en silencio, echada hacia delante, como vencida, con los codos en las rodillas y el rostro apoyado en las palmas de sus manos.
    
    Amalia se acercó y con gesto enérgico la tomó del pelo y la obligó a enderezarse.
    
    -Le pregunté qué piensa de lo que dijo su hija sobre usted. ¡Contésteme!
    
    Eva parecía ...
«1234...9»