1. Chantaje (V): Un paso a lo prohibido


    Fecha: 28/06/2017, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: TKBDDOS, Fuente: CuentoRelatos

    ... perdiéndose lascivo entre ellas y uniéndose en la cintura.
    
    Seguimos buscando de aquellos regalos y en las siguientes tiendas mi hermano no dejo de mirarme el culo y las piernas, aunque más disimuladamente pues mi atuendo no pasaba desapercibido, pues llevaba un abrigo de piel que me llegaba hasta la cintura, unas mallas negras y unas botas altas con tacón, de forma que resaltaban además de mis hermosas y torneadas piernas, mi culo redondo, macizo y respingón. Lo cierto es que mi hermano no solo era el único macho que pareciera estar en celo, varios hombres de todas las edades me miraban lascivamente, sus miradas llenas de lujuria, miradas impúdicas que eran presas de mi belleza.
    
    Ambos cargábamos las compras, nos dirigimos al auto y nos dispusimos a regresar, durante el camino decidimos pasar al tianguis para comprar para la cena, a nuestro paso encontramos puestos de ropa, ahí me percate que un señor de más menos unos 50 años, disimuladamente también echaba un vistazo a las prendas y ocasionalmente restregaba la parte frontal de su pantalón y sus manos con mis nalgas. Voltee de reojo a ver a mi hermano que observaba desde la sombra de la lona aquella escena, me hice la desentendida, lo que provocaba en aquel maduro que estuviera cada vez más cachondo y actuara más osadamente, restregándose cada vez menos disimuladamente en mis ricas nalgas, fue tanto el restregó que de un momento a otro se detuvo, no sé si alcanzo a eyacular, lo cierto es que me dio una sobada a mis ...
    ... nalgas y este se alejó rápido del lugar. El haber permitido que un extraño me acariciara el culo y se frotara contra él, me había excitado, estaba cachonda. Busque con la mirada a mi hermano y al ver que este me sostenía la mirada rehuí a su mirada, intentaba ocultar la lujuria que sentía.
    
    Hicimos algunas compras y con esa complicidad regresamos a casa de mis tíos que a decir verdad todo era un eterno silencio. Mi tía, mi madre y yo nos apuramos a preparar para la cena de nochebuena y, aunque Toño me observaba con concupiscencia, deseo y lujuria no podía borrar aquella mirada de pasión y deseo de poseerme. El tiempo pasó entre plática, música a bajo volumen y los quehaceres.
    
    Horas más tarde la casa de los tíos comenzó a tener vida, las risas, la música el ir de un lugar a otro daba alegría pues era un momento de unión y felicidad; fui la última en bajar a la sala, para esa ocasión me había puesto un vestido blanco, y corto, muy corto de una tela liviana, por lo que al bajar una suave brisa que provenía de la ventana levanto el vestido dejando ver mis atributos a vista de los invitados pero seguí con lo que estaba haciendo como si nada hubiera pasado. La velada transcurrió tranquila, entre comida y mucho vino, cerveza y obviamente sidra. Sin duda la mayoría era el centro de atracción y vaya que sí; para colmo, la tela, aparte de liviana era muy traslucida, por lo que seguramente podían adivinar sin mucho esfuerzo lo que llevaba debajo, una diminuta tanga, metida en mi ...
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