1. La novia de sus fantasías (parte 3)


    Fecha: 12/03/2021, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: siluetas, Fuente: CuentoRelatos

    Al amanecer, la piscina se veía maravillosa. Rectangular, con una hermosa iluminación interna y un diseño colorido de azulejos al fondo. Era inevitable un chapuzón.
    
    Me había levantado de la cama hace unos momentos, aunque los pesados brazos de Salomón, quien aún dormía, buscaban retenerme. Todavía desnuda me acerqué a la ventana, y desde ahí contemplé ese pasaje matutino.
    
    Rápidamente me puse mi bikini negro (lo llevaba conmigo, por si Salomón quería que lo usara), tomé una bata y salí con el entusiasmo de una niña pequeña. Al llegar, dejé la bata a un lado y sumergí mi pie derecho despacio, para medir lo fría que estaba el agua.
    
    Estaba helada, pero eso no me iba a detener.
    
    Salté, y caí en un lago de hielo. Era maravilloso contemplar aquel cielo de la mañana mientras jugaba en el agua.
    
    Minutos después, llegó Salomón. Usaba una bata oscura y traía un celular en su mano derecha.
    
    —Buenos días, mi amor. ¿Cómo amaneciste? —preguntó.
    
    —Cansada pero feliz. Gracias a ti.
    
    —¿Cómo puede una chica tan joven saber tanto sobre sexo?
    
    —Me gusta aprender —respondí, y le di la espalda, para que contemplara un trasero de primera categoría una vez más. Ese espectáculo tuvo efecto: de inmediato se quitó la bata, y así, completamente desnudo, se arrojó a la piscina, buscando repetir las locuras que hicimos en la noche.
    
    Con sus manos sujetó mi abdomen, para luego subir a mis pechos. Los acariciaba con sus ásperas manos de una forma tan deliciosa que yo misma terminé ...
    ... pegándome más a su cuerpo. Sentí perfectamente su pene durísimo, y me sentí orgullosa de haberlo logrado tan fácilmente. Aun así, meneé las caderas para recordarle lo mucho que eso me gustaba.
    
    —¿Ya lo has hecho en una piscina, nena?
    
    —No. Y me muero por hacerlo.
    
    —Pues hoy es tu día de suerte —respondió, mientras me bajaba la parte inferior del bikini e insertaba su miembro erecto donde podía, con una actitud casi salvaje. La sensación era novedosa, pero no era lo que yo quería. Así que di la vuelta y lo besé en la boca, con más pasión de la que había mostrado durante la noche, y brinqué hacia él, para que tomara mis muslos e hiciera lo que tenía que hacer.
    
    Y lo hizo, con todas sus fuerzas.
    
    Me penetró, y la sensación de su pene entrando en mí junto con cierta cantidad de agua fue algo incomparable. Lancé un pequeño grito de dolor y clavé mis uñas en sus hombros cuando una explosión había empezado a nublar mis sentidos. La tranquila mañana que nos rodeaba empezaba a parecerse a un bacanal desenfrenado en mi mente.
    
    —¡Qué golosa eres, niña!
    
    —Así es, me lo quiero comer todo.
    
    Me fue llevando hacia atrás hasta que llegamos al borde de la piscina, y aferrándose con las manos, me dejó aprisionada y a su completa merced. Fue entonces que inició a invadir mi intimidad con su miembro, aumentando la velocidad de las penetraciones y haciéndome quejar de forma cada vez más ruidosa. Su salvaje pasión me llevó al desenfreno, y todo lo que podía hacer entonces era apretar ...
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