1. Usted mira en dos direcciones


    Fecha: 05/01/2021, Categorías: Confesiones Autor: FilosofoAullado, Fuente: CuentoRelatos

    Usted mira a la calle en las dos direcciones. Los ojos se pierden como pequeñas luciérnagas en un punto de fuga. Piensa usted en sus hijos, en su esposo, en su familia. Está bien, está usted a punto de dar un paso importante. Sus pensamientos son un huracán inaprensible, una idea se refuta con la otra. Lo sé bien. Creo entenderla. Estoy justo detrás de usted, mirándole las piernas y el culo. Su falda es negra, de sastre, apretada y arriba de la rodilla. Yo también pienso en mi mujer y en mi hijo. Me hago miles de cuestionamientos acerca de la moral, la religión y la familia. Pienso mucho, pero a la vez, no puedo dejar de contemplarla e imaginarla. Después de un último momento de reflexión, toco el claxon. Usted voltea y me regala una tímida sonrisa. Esa sonrisa, apenas dibujada, atraviesa, últimamente, las barreras entre lo bueno y lo malo. Es su sonrisa la que está más allá de todo arrepentimiento.
    
    Usted sube a mi auto. No le preguntó en qué piensa cuando miro al frente, con la mirada perdida en el paisaje. Creo saber lo que piensa. Una canción en la radio. Una canción de pop, nos regresa a la realidad, o a lo que creemos la realidad. Siempre que estamos juntos la vida es como un sueño. No sabía que te gustaba ese tipo de música, me dices. No me gusta, lo que pasa es que es el radio, te contesto. Ante su mirada incisiva, y para su sorpresa, canto un pedazo de la canción. Usted se ríe, esta vez con más ganas. Intento bailarla incluso y su sonrisa es cada vez más sincera y ...
    ... exenta de preocupaciones. La comprendo, le quisiera decir que la comprendo, que yo también tengo mis dudas, pero en lugar de eso toco su rodilla. En un semáforo. Subo mi mano por dentro de su falda, toco su sexo por encima de sus bragas. Usted cierra las piernas, pero más que para alejarme, para aprisionarme ahí. Usted también comienza a cantar. Canta y se ríe. Incluso se estira para darme un pequeño beso en la mejilla. Retiro mi mano de su entrepierna y la pongo en la palanca. Avanzamos por la ciudad.
    
    Llegamos a un pueblito aledaño. Hay una pequeña cabaña, muy hermosa, en medio del bosque. Es una cabaña con todos los servicios, aquí es donde otros empresarios tienen sus aventuras. Yo no la conocía porque nunca había tenido una aventura; de hecho hace mucho tiempo que sabía de este pequeño espacio empresarial, sin embargo, nunca les había pedido la llave. Cuando les pedí la llave lo hice tímidamente, hasta me hicieron una pequeña broma, que si apoco el licenciado de tal se dignada a caer en el pecado. Dijeron muchas tonterías pero al final me prestaron la llave. Usted tampoco ha tenido nunca una aventura y creo vislumbrar sinceridad en sus palabras. Salió embarazada a los dieciséis años y desde entonces ha estado casada con su marido que, me cuenta, es buena persona. Mi mujer tampoco es mala y, de hecho, no hace mucho que me case con ella, la amo como loco, se lo confieso, pero lo que siento por usted es diferente. Siempre nos han enseñado desde niños a pensar que el amor ...
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