1. Cigarrillos para ellas


    Fecha: 15/10/2017, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... iba ocurrir, yo la miraba fijamente, pasaron unos segundos, dio otra calada, -¿qué tal?- le dije, pero ella no contestó, estaba allí de pie, pero parecía no oírme, entonces, me acerqué a ella y le toqué levemente un pecho, nada, no se inmutó, me acerqué más y la sobé las tetas a gusto durante unos segundos, ella seguía inmóvil, con el cigarro entre los dedos, entonces mi libido se disparó, la pasé el brazo por encima del hombro y la empujé levemente hacia el lavabo de caballeros, entramos y la conduje hacia uno de los retretes, cerré la puerta y la senté en la taza, la quité el cigarro de los dedos y lo apagué, después le quité el suéter rojo que llevaba, y descubrí su sujetador, dios era rojo también de esos transparentes, se lo quité y ante mí quedaron sus pechos desnudos, la polla se me puso durísima, como nunca antes, creí que me iba a reventar, la sujeté por los hombros y la levanté un poco, y no sin dificultad conseguí quitarle los pantalones, dios mío, lleva un tanga precioso, rojo, que deja al descubierto su precioso culito, era precioso pero no tardé en quitárselo para poder ver su precioso coño, dios estaba precioso, tenía el vello recortadito en forma de ...
    ... triángulo. Me bajé los pantalones y restregué mi polla por sus tetas, la tumbé en el suelo, separé sus piernas y comencé a separar sus labios para poder admirar su coño en todo su esplendor, dios qué preciosidad, no me lo pensé más y comencé a penetrarla, tuve que parar porque no estaba lubricada, así que me tumbé en el suelo y la lamí una y otra vez, hasta que su oquedad se convirtió en un río de flujos y saliva, entonces la penetré, me tragó mejor dicho, dios qué placer, notaba su calor, dios su coño estaba bastante acostumbrado a estas lides, como pude comprobar porque deglutió mi polla sin ningún problema, al cabo de unas acometidas su vagina se ajustó a mi pene como un guante, la agarré por debajo de las axilas y me incorporé, entrelacé sus piernas en mi cintura, y comencé a penetrarla salvajemente, dios qué placer, mis embestidas eran brutales, y ella seguía con el mismo gesto de antes, la mirada perdida, como si nada estuviese pasando, la estaba sobando el culo y las tetas, seguro que la iban a quedar cardenales, dios notaba cómo el semen subía desde mis huevos, y reventé dentro de ella, me corrí como una bestia, y me senté con ella encima empalada aún... CONTINUARÁ 
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