1. Uno de esos di­as.


    Fecha: 10/07/2020, Categorías: Sexo Interracial Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    El día había comenzado peor de lo mala que estaba siendo la semana, desbordado de trabajo con un jefe que lo único que hace es meter más y más presión sin el más mínimo atisbo de educación.
    
    Para colmo, mi despertador decidió no sonar el día que presentabamos el proyecto en el que trabajamos durante meses a destajo. Todos los altos cargos estarían en la presentación y yo minutos antes de la misma me encontraba durmiendo a pierna suelta.
    
    Cuando me di cuenta de lo tarde que era mi cuerpo se activó como si una bomba hubiera e explotado en mi interior, me duché lo más rápido que pude, sin darle tiempo siquiera a calentar el agua, sobra de decir que desayunar ni pasó por mi cabeza, me puse la ropa como pude y me la fui colocando mientras buscaba el primer taxi.
    
    Cuando llegue a la oficina mi jefe estaba dando una charla previa a mis compañeros, al entrar sus ojos se clavaron en mí como dos puñales. Me senté en una de las sillas del fondo y simplemente dejé que mi corazón se relajara hasta dejar de oírle retumbar.
    
    El resto de la mañana pasó entre el caos de la presentación y las falsas sonrisa que hacían engordar más las ya de por sí orondas barrigas de jefazos e inversionistas. Por si fuera poco mi jefe me hizo ir como bufón a la comida entre ellos, para repetirles una y otra vez lo magnífico del proyecto que tenemos entre manos.
    
    Después de una eterna sobremesa y de haber despedido con la mayor de mis falsas sonrisa a cada uno de ellos. Solo quedamos mi jefe y yo, ...
    ... y con la misma mirada de odio que esta mañana me dijo —El lunes tenemos que hablar. Se dio la vuelta y se fue. Estaba tan cansado que no reaccione, busqué la silla más cercana y me senté con la mirada perdida viendo como las lágrimas inundaban mis ojos.
    
    Como un ser sin personalidad fui deambulando por las calles hasta encontrar la parada de autobús que me llevara a casa, me senté en ella viendo como las luces de la ciudad iban cobrando vida y en frente de mí, como si de una visión se tratarse tenía un local de masajes asiáticos con una gran letrero luminoso en su interior que ponía "RELAX".
    
    He de decir que nunca había estado en este tipo de locales, pero fui hacia él como si mi cuerpo me ignorase. No tenía nada que perder y meterme en casa tampoco me ayudaría.
    
    Al entrar cogí un folleto y empiece a leerse los tipos de masaje y los precios, que si acupuntura, masajes de cabeza, otro con piedras calientes... Pero lo que yo necesitaba era algo de choque, algo así como un buen masaje que me colocase todos los músculos en su sitio y me hiciese sentir persona otra vez.
    
    Cuando llegó mi turno se me acercó una mujer asiática bajita que me llevó hacia la cabina de masaje y me indicaba los pasos a seguir. Solo en la cabina con una música oriental relajante y una vez con la ropa colocada en una pequeña silla, me tumbé, con la música y el olor de la sala me fui quedando medio dormido.
    
    Oí abrir la puerta, crucé unas breves palabras con la masajista que debió notar mi poca ...
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