1. (1) Cuestión de bragas


    Fecha: 04/09/2019, Categorías: Bisexuales Autor: Mister Neron, Fuente: CuentoRelatos

    ... nada.
    
    Ni siquiera la vio. Llevaba un minuto bailando enfrente, bebiendo una copa y lo más hermoso que alguien se podía imaginar. Y lo mejor de todo es que parecía coquetear con Lourdes. Ella tardó en reaccionar. Aquella jovencita de maquillaje caro y vestido de Zara de 190 euros no podía estar mirándola a ella, pero no había equivocación. Las miradas se entrelazaron en el aire y Ana Etxeberría se aproximó con pasos de baile y recordando a una stripper en un lap dance privado.
    
    -Me pregunto qué hace una cosita como tú sola en un lugar como este –se sentó Ana a su lado.
    
    -Pues…
    
    -No me lo digas. Tus cinco amigas se han ido a zorrear y han pasado de ti.
    
    -¿Cómo lo sabes?
    
    -Te he observado desde que has llegado.
    
    -¿A mí?
    
    -Eres un bomboncito de chocolate. Muy zorrona pero un bomboncito.
    
    -Perdona, pero es que me has dejado descolocada.
    
    -Esperabas una polla dura, ¿verdad?
    
    -Pues sí, algo así.
    
    -¿Nunca has tenido una experiencia lésbica?
    
    -No, soy hetero.
    
    -Yo soy lesbiana hasta las bragas. Me gustan tus tetas.
    
    -Gracias.
    
    -Y tu pelo trenzado está muy bien conseguido. No sé qué haces en esta zona cuando podrías encajar en el lounge VIP. ¿Te animas?
    
    -¿Cómo? No nos dejarán entrar.
    
    -A mi sí.
    
    -¿Tienes entrada VIP?
    
    -¿Lo dudas? Yo hago lo que me sale del potorro en esta discoteca. Me follo a la dueña, seis gogós son follamigas mías y con el jefe de seguridad hago y deshago. Vamos, verás cosas flipantes.
    
    -Vale, venga.
    
    -Coge tu ...
    ... copa.
    
    Todos los movimientos y gestos de Ana eran cada más y más sensuales y evocadores. Lourdes la siguió detrás e hiptonizada con su portentoso culo. Lo movía con un meneo brasileño que no dejaba indiferente a nadie del alrededor. Todos se abrían paso para deleitarse con los andares de Ana y su cuerpo gimnástico ceñido en el conjunto de noche.
    
    Subieron unas escaleras hasta el segundo piso. Aquí Ana cogió el pasillo de la derecha donde la música era menos ensordecedora. Todos y todas saludaban a Ana. A veces ella ponía el culo como saludo para que lo palmearan. Lourdes no salía de su impresión. Qué pedazo de hembra. Qué raza de chica.
    
    -Oye, ¿llevas bragas? –se giró Ana un momento.
    
    -Sí, ¿por?
    
    -Quítatelas. Donde vamos está mal visto.
    
    -Ah, vale.
    
    Así lo hizo Lourdes.
    
    Ana no se perdió ese momento.
    
    -¿Y qué hago con ellas? –preguntó con las bragas en las manos.
    
    -¿Están sucias?
    
    -Creo que sí, no sé.
    
    -Dámelas a ver –Ana las olió con satisfacción al comprobar la suciedad de ambos lados-. Me las quedo. Las colecciono.
    
    Ana se las guardó en su bolsito de Loewe de 900 euros.
    
    -¿Te gusta el olor a coño sudado? –se extrañó Lourdes.
    
    -Me gusta todo lo que sea coño –la guiñó un ojo con picardía-. Vamos, es por ahí.
    
    Cruzaron una puerta custodiada por dos gorilas y aquí empezaron las sorpresas. Lourdes se vio en una sala ambientada con todo lujo de detalle, música chillout y camareras uniformadas de una belleza indescriptible. Ana saludó a todas con un morrito ...
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