1. El cliente siempre tiene razón


    Fecha: 31/03/2019, Categorías: Transexuales Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos

    Cuando se instruye a los vendedores novatos existe una máxima acuñada desde la lejanía de los tiempos y reza: “el cliente siempre tiene razón”, es palabra santa. Condición “sine qua non”, y a cualquier costo. Una verdad de Perogrullo, pero con la sabiduría de la experiencia.
    
    Estaba al frente del departamento de informática, por ende, todo lo concerniente al sector pasaba por mi escritorio, también las compras.
    
    Sucedió que por mi oficina pasó un vendedor de insumos del rubro, me interesó y contacto con el supervisor para una consulta adicional. Palabra va, palabra viene, y casi en broma le menciono que de tener personal femenino para venta sería más efectivo. Creyó leer un mensaje subliminal, inexistente, y al día siguiente envió con la información a una agraciada vendedora, bueno un minón infernal (lenguaje coloquial mujer que está más buena que comer con la mano).
    
    Era una muchacha de buen ver, por donde se la mire. Se presenta, conversamos sobre el tema y acordamos una venta más que importante, sobre todo en su primera gestión en ventas. Gratificada por el éxito, y tal vez para asegurarse un futuro cliente, me propuso un “almuerzo de trabajo” para seguir hablando de poder venderme una nueva línea de accesorios de importación recientemente recibidos.
    
    - Con mucho, gusto, pero dejame que sea yo el que invita.
    
    - Bueno… por esta vez, sí.
    
    Salimos para almorzar, fuimos a un elegante restó, estilo francés, relativamente cerca, tampoco era cuestión de que me ...
    ... vieran, sobre todo con un proveedor. Todo estaba saliendo de primera, dejando de lado el tema objeto, para degustar las delicias culinarias. Todo de diez, cuando llegamos al postre, elegí sin darle alternativas, pedí un gateau con frutilla y una crema turca, con una botella de champán, de buena marca. Ese creo que fue el golpe de efecto que la descolocó.
    
    El postre y el champán abrieron el camino al diálogo intimista. Habló, más de lo prudente, diría que mucho de lo imprudente, contaba del abandono sexual a que la condenaba su marido, que a sus treinta y cinco era una crueldad.
    
    Realmente era cruel, dejar a esta estupenda anatomía sin atender. Se inclinó a modo de reverencia “touché”, se insinuaron en plenitud la voluptuosidad de sus pechos, despertando repentinamente mi sexualidad. La sobremesa, cargada de tensión manifiesta, nos tenía inquietos y listos para el paso siguiente.
    
    Con el celular, llamó a la oficina, avisando que no volvería, que debía atender otras cuestiones por el resto del día. Sonrió, era la señal del tácito acuerdo. Las miradas dicen más que las palabras…
    
    Entramos al hotel, subimos tomados de la mano, como cómplices, como amigos. Tomamos unos tragos, para darnos tiempo a generar el clima. Nos ayudamos mutuamente a desvestirnos.
    
    Verla desnuda, con las lolas (pechos) en forma de cúpula me provocaron una erección violenta, como un colegial sorprendido. Nos besamos con una cadena de besos húmedos mientras con las manos recorría todo su cuerpo, caderas, ...
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