1. Nuestro nido


    Fecha: 26/11/2018, Categorías: Intercambios Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Somos una pareja bastante liberal , nos damos mutua libertad y satisfacemos nuestros ardores , sólos cada uno , sólos los dos o bien sólos con alguien.
    
    Pero nunca habíamos tenido ocasión con un tercero.
    
    Disponemos de un nidito folladero que lo visitamos habitualmente.
    
    Depositamos allí todas nuestras experiencias conjuntas o solitarias y damos rienda suelta a la imaginación o lo que pida el cuerpo.
    
    Por eso aquel día que nuestro amigo nos ayudó a trasladar aquel mueble el mejor pago se hizo en especie.
    
    Una vez terminada la mudanza , comimos y reímos.
    
    La conversación transcurría por cauces normales hasta que surgió la pregunta . ¿ Para qué tenéis esto con el piso tan hermoso que disponéis?
    
    Le contamos nuestras andanzas , nuestros desvaríos y nuestra afición desmedida por el sexo.
    
    Le enseñamos los juguetes y la alegría era desbordante.
    
    En un momento mi mujer se trasvistió y llegó vestidita de enfermera que es el que más me gusta.
    
    Yo soy el médico claro.
    
    Tan rica estaba que el amigo se puso cachondo.
    
    Le dió un pellizco en las nalgas y ella le respondió con un arrimón a su polla.
    
    La cosa estaba ...
    ... interesante y mi amigo estaba perdido.No sabía salir de la situación y ella se lo hizo más fácil.
    
    Se acurrucó a su lado en el sofá.Allí entre susurros y arrumacos estuvieron un buen rato.
    
    El me miraba sorprendido .
    
    No sabía por donde salir y le hicimos ver nuestro pacto de respeto a la voluntad del otro.
    
    Ella para entonces lo tenía a punto y lo llevó a la cama.
    
    Nunca antes había entrado otra persona en ella .
    
    Y nunca nos habíamos dado placer uno frente a otro.
    
    Ella sabía de mi consentimiento y la tarde fue animada .
    
    Nunca la había visto gozar con otro y aquello me excitó.
    
    Sus besos y su boquita abierta me llevaron al éxtasis mediante mi mano prodigiosa.
    
    Una vez terminada la faena nuestro amigo nos dió las gracias y el tonto de él quería repetir.
    
    Ya le advertí que eso no está en mi mano sino en la de ella.
    
    A día de hoy sé que han tenido tres encuentros y en cada uno de ellos le ha regalado un vestido de enfermera.
    
    Ella se lo pone y él se lo disfruta.
    
    Pero lo que no se me olvida es aquel día en nuestro picadero particular.
    
    La monta de la jaca fue algo que no esperabay me causo placer más que dolor. 
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