1. Los Cuatro Ancianos (II)


    Fecha: 13/01/2024, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    El corazón de Isabel se aceleraba. Llevaba queriendo tener sexo desde hacía muchos días, y cada gramo de su piel parecía querer invitar al deseo. Su cuerpo lo anhelaba por lo que la espera de estos últimos segundos se estaba haciendo muy intensa. Y de repente, en un instante, José estaba sobre ella, besándola y acariciando su piel con su propio cuerpo. Su miembro erecto comenzó a escalar por entre sus muslos poco a poco, pero Isabel lo notaba más pequeño de lo normal. Cada vez que el miembro de su marido se acercaba más a la vagina de ella se iba haciendo más y más pequeño. Isabel miró a José a los ojos, como instándole a que reaccionara, pero él miró hacia un lado acobardado. Y entonces, en menos de un segundo, notó como su pene se ensanchaba y alargaba. Cada vez más grande y vibrante. Isabel, sonriente, miró a los ojos a su marido, pero no fue José quién le devolvió la mirada. Su suegro estaba ahora sobre ella. Isabel retiró su sonrisa, pero no lo invitó a marcharse. Su corazón bombeó con fuerza y parecía querer salírsele del pecho. Ella notaba como el pene de Manuel seguía vibrando entre sus piernas, y su coño se removió mientras babeaba deseándolo. Sin embargo, un instante después volvió a aparecer José, como si todo hubiera sido un espejismo. Su marido la miró deforma acusatoria. En su semblante se podía leer la decepción y señaló hacia su pene culpándola de que no se levantara. Isabel ladeó la cabeza arrepentida. Le volvió a sonreír e invitar a que la tomara, con ...
    ... mirada suplicante. Cogió con su mano el pene de su marido e intentó forzarlo para que entrara dentro de ella, pero este se había hecho tan pequeño que era imposible que pudiera entrar ni un palmo. Y, una vez más, el pene volvió a crecer en su mano de forma incontrolada. Las venas comenzaron a marcarse en toda la polla y finalmente apenas podía ya agarrar el cabezón. Isabel volvió a alzar la mirada y era su suegro quién se la devolvía, completamente serio e inmutable. El corazón de Isabel volvió a latir con fuerza y su vagina parecía querer arder de un momento a otro. Entonces retiró las manos y las puso con las palmas hacia arriba, junto a su cabeza a ambos lados en señal de sumisión. Isabel se abrió de piernas a medida que su pulso no hacía más que intensificarse. Su suegro apuntó con su inmenso pene y comenzó a acercarse. La punta estaba a punto de penetrarla y el coño de ella estaba ya completamente empapado. Y, justo cuando ya iba a ocurrir, su marido apareció por todas partes. “Isabel”, decía.
    
    -…Isabel, despierta -escuchó de repente.
    
    La bella mujer abrió los ojos de sopetón, y estos la castigaron con una sensación lacrimosa. Apenas un segundo necesitó para saber que todo había sido un sueño, y cada segundo que pasaba hacía que este se difuminara en sus recuerdos. José estaba junto a ella, reclinado hacia la cama, todavía con el pijama puesto.
    
    -¿Ya es la hora? -preguntó ella.
    
    -Se me olvidó poner el despertador anoche-dijo él con cierta alarma en la voz -. ¿Puedes ...
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