1. Me llenaron de leche estando embarazada


    Fecha: 20/07/2023, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: SophieSimmons, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    Una confesióin que me hizo una amiga hace un par de semanas atrás, pero que para se entienda, lo voy a narrar en primera persona, tal cual me lo contó ella, pero añadiendo más detalles.
    
    Estaba en mi octavo mes de embarazo. Volvía de mi trabajo como cajera en una de las confiterías de la estacióin de Retiro. Para llegar a mi casa tenía tomar el 150 (colectivo o bus), y de ahí derechito hasta llegar a mi casa, en Bajo Flores. Estaba contenta porque era mi último de trabajo en la cafetería, mañana ya entraba en licencia por maternidad, así que andaba saboreando el poder levantarme tarde, descansar... Juntar energías para el parto.
    
    El viaje en el colectivo fue infernal, era hora pico y casi todos salíamos de trabajar, pero por suerte, por el hecho de estar embarazada, yo tenía trato especial, así que iba sentada, acariciando mi enorme panza de embarazada mientras los traqueteos y el mismo movimiento del vehículo hacía que mis enormes pechos llenos de leche materna se movieran de un lado para el otro. Encima era verano, y lo único que podía aguantar, en ese estado, eran vestidos. Parecía un globo colorido, pero era lo más cómodo para poder aguantar mi embarazo y los calores de la city porteña.
    
    Me bajé en la estación que me llevaba a mi casa y caminé despacio. Me acuerdo que era una noche calurosa, ventosa y húmeda. Como conocía el barrio, me puse mis audífonos y empecé a escuchar música, deseando poder llegar y descansar. Menuda fue mi sorpresa cuando sentí dos cosas: ...
    ... Una mano en mi cuello, y el cuerpo de un hombre contra mi espalda.
    
    Me paralicé del miedo, pues no sabía que hacer. Yo en ese estado, de noche y sola, no tenía muchas probabilidades de éxito.
    
    —Tranquilita, mami —me dijo la voz de un hombre joven al oído luego de arrancarme violentamente el audífono de mi oído—. Si haces todo lo que digamos no te vamos a hacer nada.
    
    Tragué saliva. Había hablado en plural, es decir que al menos dos hombres estaban ahí.
    
    —No voy a hacer nada, pero, te lo suplico... No me lastimés...
    
    —Vos tranquila, sólo colaborá y todo va a estar bien —prometió esa vil voz en mi oído.
    
    Me dejé arrastrar por las manos de ese desconocido. Me dí cuenta que el otro muchacho no me dejaba ver su rostro gracias a la mascarilla que usaba y a la gorra, que tapa el resto de sus facciones.
    
    Lo malo de vivir en esa zona es que había demasiadas áreas con personas carenciadas, de bajos recursos o adictos a las sustancias. Les ofrecí dinero para poder pagar mi libertad, pero al parecer no estaban interesados en eso. Me llevaron hasta un lugar oscuro y al cobijo de la mirada de los curiosos, donde uno me agarró firmemente mientras el otro se entretenía conmigo.
    
    —Por Dios. ¡Qué tetas que tenés, mami! —dijo uno de esos dos muchachos mientras me tocaban los pechos y yo reprimía un sollozo—. Ay, dale. Turrita, bien que te abriste de piernas para que te preñaran asì. No te hagas la que no te gusta, ¿querés?
    
    —Me encantan las minitas embarazadas como vos, se ponen ...
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