1. Secretos de familia. Cuñada quiere sexo (1)


    Fecha: 30/09/2018, Categorías: Intercambios Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos

    Difícil decisión entre calentura y fidelidad. Cuando el diablo mete la cola sucede cualquier cosa, tal es mi caso. A punto de entra en el llamado síndrome de los cuarenta, que también suele atacar a algunos hombres, que gracias a esta cuñadita no fue mi caso, con siete años de yugarla en el matrimonio con su hermana, dos niños y una convivencia armónica, aunque merezca decir que últimamente algo anodina y muy rutinaria.
    
    Previo a la llegada de nuestro segundo retoño, mi cuñadita, Dolores, pasa mucho más tiempo en casa. La joven cuñadita acaba de terminar la escuela secundaria y está haciendo el ingreso a la universidad, mujer, hermosa y desinhibida, mirada cristalina, y sonrisa natural que ilumina esa preciosa carita. Cuerpo delicioso, pechos firmes y tan paraditos, talle estrecho y caderas firmes como roca, que al mecerse en su andar te lleva enganchado a su estela de seducción.
    
    Verla ir y venir por la casa por estos días de abstinencia sexual, los paso con el “ratonerío” alterado. Dolores se muestra más osada e insinuante, livianita de ropas y cargada de intencionalidad.
    
    Me agarré tal metejón (calentura) con ella que cuando la tengo delante el corazón quiere salirse del pecho.
    
    Una tarde mi mujer y mi suegra salen para el control pre parto y quedamos a solos en la casa. ¡Qué momento! En el frescor del jardín, con Doly compartimos unas gaseosas con hielo y un poco de whisky, del añejado, para darle más carácter.
    
    - ¿Quieres un poco más? - Acercando la ...
    ... botella.
    
    - ¡Dale!, un poco más. – Forzando mi mano.
    
    Una segunda vuelta la hizo soltarse, mi mano sobre el muslo, tomada del hombro, su perfume lo sentía en la lengua que dibujaba arabescos en el cuello de Doly, la otra mano reptaba por el muslo, bajo la falda, abre las piernas liberando el arribo al borde de la tanguita, por debajo se introduce en la entrada de la cueva, enjugados en su humedad.
    
    Las consecuencias del juego erótico, nos catapulta al terreno lujurioso y de la búsqueda húmeda en la cueva, fue el disparador de sus sensaciones, derribando sus muros de contención, el dique de la prudencia se abre y sus emociones comienzan a inundarla de deseos. Ojos cerrados, respiración agitada, pecho convulsionado, labios y boca reseca por la calentura, síntomas inequívocos de un estado emocional calenturiento en grado superlativo. En brazos la llevo al dormitorio, sobre el lecho, acostada, la falda subida más allá de la cintura, asoma la tanga, los pechos se agitan, está muy excitada. La mujer desafiante ahora es una niña indefensa y temerosa del porvenir.
    
    Nos confundimos en un profundo beso de lengua, trato de calmar a la “conejita asustada”. Abrazos y profusión de besos diluyen el temor, sin dejar de abrazarla, le susurró al oído cuanto me atraía, el desvelo nocturno soñando tenerla, por hacerme de su cuerpo y de su alma, excede lo puramente sexual.
    
    Comprendía y sentía culpable por haber causado tanto desasosiego por su juego de seducción, al mismo tiempo que entendía mi ...
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