1. Cuando los ancianos quieren comer


    Fecha: 29/09/2018, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anacaona50, Fuente: CuentoRelatos

    Lo cierto es, que durante toda mi vida siempre supe que era una mujer sexualmente activa, debo reconocer que lo que voy a relatar a continuación fue quizás la experiencia más inusitada de mi vida, y que espero haya sido del disfrute de quienes participaron en el mismo.
    
    De mi puedo decir que soy una mujer de 50 años de edad, profesional y con dos hijos preciosos, que ha sabido disfrutar su vida al máximo, especialmente en el área sexual.
    
    Me casé bastante joven, a los 22, con un hombre mucho mayor, tuve a mi primer hijo joven dos años después y también enviudé bastante joven (a los 30 años), dedicándome por entero a mi hijo, a mi profesión, y junto a eso, a vivir aventuras. Y precisamente de aventuras es este relato.
    
    Cuando tenía unos 37 años, una gran amiga, bailarina erótica ella, me hizo una propuesta de negocios que no pude rechazar: acompañarla en algunos bailes que hacía para entretener a gente mucho más mayor que nosotros. Era una oportunidad para divertirnos y ganar algo de dinero extra, porque en aquel entonces mis ganancias como abogada, si bien eran suficientes para ayudarnos a mi hijo y a mí en todo lo que necesitábamos, no era suficiente como para ayudar a pagar el local donde alquilaba mi bufete (posteriormente logré mudarlo a un sitio mucho mejor), y por demás, veía más la parte de la diversión que la del dinero. El trabajo era por demás sencillo: íbamos a algunos asilos en el interior del país, sobornábamos a los guardias y algunos directivos para que ...
    ... nos dejaran entrar, y bailábamos en presencia de una serie de hombres de entre 65 y casi 80 años, que se excitaban, alegraban, sus hijos brillaban y hasta hacían el esfuerzo por aullar por nuestros movimientos y por cada vez que nos sacábamos el bikini. Ahí me di cuenta de que el deseo sexual no disminuye con la edad, sino que aumenta, o por lo menos en los ancianos que vi. Algunos de ellos hasta sacaban algo de dinero para que dejaran siquiera tocar un muslo o los senos, pero no llegaban a más porque se cansaban y encima, solían llevarlos a dormir. Recibíamos mucho dinero de ellos y con ese dinero nos dábamos algunos pequeños lujos, y por eso, decidí invitar a mi amiga a irse a vivir conmigo y mi hijo, pues cuando ella no trabajaba, se quedaba en casa y lo atendía, al punto que él todavía se refiere a ella como su “tía favorita”.
    
    Pero, en fin, nos mantuvimos haciendo esa labor durante aproximadamente 2 años, hasta que una noche, contando yo 39 años, nos sucedió la experiencia más excitante y salvaje de nuestras vidas.
    
    Mi amiga y yo habíamos ido a un asilo de ancianos donde solo había hombres, unos 70 ancianos en total, y comenzamos a bailar como siempre. Parece que los ancianos no aguantaron las ganas, por la razón que fuere, y en medio del acto, nos agarraron por los pies y nos arrastraron hacia ellos. Me separaron de mi amiga y solo pude ver y sentir a los viejitos quitándome el bikini, desnudándose y agarrando mis muslos y cadera para penetrarme. Si bien a algunos ...
«12»